Luis Prieto
Moderador Global
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Corrector/a
Organizador de concursos
¡Ay toro,
oscura llama de la tierra,
columna viva del campo,
músculo de noche y viento!
Naces donde el sol derrama
su oro sobre los sembrados,
y creces bajo la encina
como un rey nunca coronado.
En tus ojos, arde el misterio
de las edades antiguas,
parece que el mundo entero
guarda su fuerza en tus pupilas.
Llevas la tormenta al cuello,
la bravura en cada paso,
y cuando estremeces el suelo
tiembla la raíz del pasto.
Toro de frente encendida,
de corazón indomable,
eres la sombra magnífica
de la naturaleza salvaje.
Ni el río posee tu empuje,
ni el monte tu señorío,
porque en tu pecho confluyen
el trueno, la roca y el brío.
Bajo la dorada tarde,
tu figura se levanta
entre los verdosos prados
que de pronto cobra alma.
Y cuando la luna blanca
platea los olivares,
pareces guardián eterno
de los sueños y los valles.
¡Ay toro!
Noble habitante del campo,
símbolo de fuerza y vida,
de libertad y de arraigo.
Sobre la tierra española,
que siempre brille tu historia
como himno de condición
de poder, orgullo y gloria.