Dielli M
Poeta recién llegado
Del otro lado las flores florecen,
las olas nacen y mueren
en breves momentos de
gloria y miseria.
En aquel lugar no existen
los límites del tiempo.
Las burbujas se desvanecen
en excelsa belleza.
Las corrientes de viento
conquistan al bosque
en una marejada de calma.
Del otro lado no hay soledades.
El cielo y el mar
rezan juntos en armonía
bajo un tratado de paz.
La lluvia se derrama despacio,
los pétalos se esparcen con pausa.
Nada se pierde, nada trasciende:
todo existe en un orden correcto.
Del otro lado no hay espacio para los recuerdos,
solo se respira la simplicidad del momento.
La dulce melodía de la hierba
acariciada por la brisa,
la suavidad del roce de un arbusto...
Allí los corazones son infinitos,
los deseos efímeros,
las penas insustanciales.
Del otro lado nadie sabe lo que es
la eternidad ni la muerte.
Las sombras danzan al ritmo del sol,
sin interrupciones.
La cima de una montaña reluce
más allá de mil horizontes.
las olas nacen y mueren
en breves momentos de
gloria y miseria.
En aquel lugar no existen
los límites del tiempo.
Las burbujas se desvanecen
en excelsa belleza.
Las corrientes de viento
conquistan al bosque
en una marejada de calma.
Del otro lado no hay soledades.
El cielo y el mar
rezan juntos en armonía
bajo un tratado de paz.
La lluvia se derrama despacio,
los pétalos se esparcen con pausa.
Nada se pierde, nada trasciende:
todo existe en un orden correcto.
Del otro lado no hay espacio para los recuerdos,
solo se respira la simplicidad del momento.
La dulce melodía de la hierba
acariciada por la brisa,
la suavidad del roce de un arbusto...
Allí los corazones son infinitos,
los deseos efímeros,
las penas insustanciales.
Del otro lado nadie sabe lo que es
la eternidad ni la muerte.
Las sombras danzan al ritmo del sol,
sin interrupciones.
La cima de una montaña reluce
más allá de mil horizontes.