Lágrimas

Juan Roldán

Poeta recién llegado
Ya no quedan lágrimas que derramar,
el dolor se difumina en la niebla,
mas no cesa: viento que se cuela
por las grietas que no puede colmar.

No es de nadie y atraviesa el andar
de la especie entera; su centella
arde en pérdidas que no son de ella,
sedimento que aprende a caminar.

Mas en su insistencia algo se rehace:
el espíritu ancho, sin nombre, obedece
a la herida que lo hace crecer.

Porque el llanto que el tiempo deshace
es el umbral donde nace la vez
en que el silencio aprende a amanecer.
 
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Juan Roldán,

lo que me retiene en este soneto es justamente lo que calla: no hay un sujeto lírico visible, no hay un "yo" que llore. El dolor existe sin dueño, y esa elipsis del que sufre lo vuelve más vasto, más verdadero.

No es de nadie y atraviesa el andar
de la especie entera

Ese giro es el corazón del poema. El dolor despersonalizado se convierte en algo casi geológico — sedimento que aprende a caminar lo dice con una imagen que sacude por su rareza exacta: materia inerte que adquiere movimiento, historia acumulada que de pronto tiene piernas.

El soneto te sirve bien estructuralmente: usas el volta del primer terceto para ese instante en que algo "se rehace", y el cierre no promete redención sino algo más honesto —

el silencio aprende a amanecer

El silencio que aprende. No que llegue el amanecer, sino que el silencio mismo tiene que aprenderlo. Esa distinción es fina y marca la diferencia entre un cierre fácil y uno que se gana.

Gracias por compartirlo.
 
Ya no quedan lágrimas que derramar,
el dolor se difumina en la niebla,
mas no cesa: viento que se cuela
por las grietas que no puede colmar.

No es de nadie y atraviesa el andar
de la especie entera; su centella
arde en pérdidas que no son de ella,
sedimento que aprende a caminar.

Mas en su insistencia algo se rehace:
el espíritu ancho, sin nombre, obedece
a la herida que lo hace crecer.

Porque el llanto que el tiempo deshace
es el umbral donde nace la vez
en que el silencio aprende a amanecer.
El dolor y el silencio.
De que manera cambian nuestra perspectiva.

Saludos
 
Ya no quedan lágrimas que derramar,
el dolor se difumina en la niebla,
mas no cesa: viento que se cuela
por las grietas que no puede colmar.

No es de nadie y atraviesa el andar
de la especie entera; su centella
arde en pérdidas que no son de ella,
sedimento que aprende a caminar.

Mas en su insistencia algo se rehace:
el espíritu ancho, sin nombre, obedece
a la herida que lo hace crecer.

Porque el llanto que el tiempo deshace
es el umbral donde nace la vez
en que el silencio aprende a amanecer.
Un bello y sentido poema que llega a lo más profundo del alma... Lo leí y releí. Me impresionó ese dolor que es un "viento que se cuela/ por las grietas que no puede colmar". ¡Te felicito!
 
Ya no quedan lágrimas que derramar,
el dolor se difumina en la niebla,
mas no cesa: viento que se cuela
por las grietas que no puede colmar.

No es de nadie y atraviesa el andar
de la especie entera; su centella
arde en pérdidas que no son de ella,
sedimento que aprende a caminar.

Mas en su insistencia algo se rehace:
el espíritu ancho, sin nombre, obedece
a la herida que lo hace crecer.

Porque el llanto que el tiempo deshace
es el umbral donde nace la vez
en que el silencio aprende a amanecer.
Muy bonito poema.
Saludos.
 

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