Cuando la lluvia despierta,
no viene sólo a mojar:
abre un inmenso paraguas
para ponerse a contar.
Trae libros hechos de gotas
con páginas de cristal,
donde los peces escriben
cartas de espuma y coral.
Las ventanas son pupitres,
el viento, un buen profesor,
y cada charco es un espejo
que estudia cómo es la flor.
Los caracoles, despacio,
leen con mucha atención;
las hormigas hacen mapas
sobre un botón de algodón.
Un gorrión presta su canto
como si fuera un pincel,
y dibuja en los tejados
mariposas de papel.
Cuando termina la clase,
el arcoíris, al pasar,
recoge todos los cuentos
para volverlos a sembrar.
Por eso, cuando llovizna,
no corras por escapar:
quizá la lluvia ese día
te quiera enseñar a soñar.
Rosa María Reeder
Derechos Reservados
no viene sólo a mojar:
abre un inmenso paraguas
para ponerse a contar.
Trae libros hechos de gotas
con páginas de cristal,
donde los peces escriben
cartas de espuma y coral.
Las ventanas son pupitres,
el viento, un buen profesor,
y cada charco es un espejo
que estudia cómo es la flor.
Los caracoles, despacio,
leen con mucha atención;
las hormigas hacen mapas
sobre un botón de algodón.
Un gorrión presta su canto
como si fuera un pincel,
y dibuja en los tejados
mariposas de papel.
Cuando termina la clase,
el arcoíris, al pasar,
recoge todos los cuentos
para volverlos a sembrar.
Por eso, cuando llovizna,
no corras por escapar:
quizá la lluvia ese día
te quiera enseñar a soñar.
Rosa María Reeder
Derechos Reservados