Ángelo Gamo
Poeta recién llegado
No sonrío siquiera
cuando el aire se cuela
entre tus encías al sonreír.
Tu mano marcó mi cuerpo:
una mella suspendida,
huella dentaria que infecta,
vicio abierto en la piel.
Desde ahí unos dientes
siguen clavados en mi carne,
volviéndola negra, violeta y azul,
hilvanada con hilos de plata.
Aguja dorada sutura mi cuerpo
quemado dentro el redil,
por los tiempos de los tiempos,
hasta que secretos sean años,
y los años,
un río de corrientes de plata y oro.
cuando el aire se cuela
entre tus encías al sonreír.
Tu mano marcó mi cuerpo:
una mella suspendida,
huella dentaria que infecta,
vicio abierto en la piel.
Desde ahí unos dientes
siguen clavados en mi carne,
volviéndola negra, violeta y azul,
hilvanada con hilos de plata.
Aguja dorada sutura mi cuerpo
quemado dentro el redil,
por los tiempos de los tiempos,
hasta que secretos sean años,
y los años,
un río de corrientes de plata y oro.