El vuelo de los patos negros.

Ángelo Gamo

Poeta recién llegado
Caen ofrendas de tus ojos
en la noche sin concilio,
graznidos resuellan en aguas
que no regresarán para mí.

Te invito a volar al ocaso
y perdernos en sus colores,
encontrar las migajas duras
de patos negros y amores.

Ríamos después de un rato
mientras el río oscurece,
que delirios yacen flotando
y entre los juncos fenecen.

Bebamos de caja un vino
mientras apuras lo que fumas,
amante de silencios y humo,
vestida en traje de plumas.

Amiga mía y compañera,
en tu abrazo encontré un nido
tejido sin permiso del tiempo
y al final de todo, un graznido,

rasgando de puras aguas negras.



Para Francisca Navarrete.
Amiga y compañera.
 
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Ángelo Gamo,

me pregunto qué tarde concreta está detrás de esto: si hubo un río de verdad, un vino de caja real, alguien fumando en silencio junto al agua. El poema tiene esa textura de lo vivido que no termina de explicarse del todo, y eso le da peso.

Lo que más me detiene es cómo construyes la figura de Francisca desde los sentidos antes de nombrarla: el humo, el silencio, las plumas, el graznido. Cuando al fin llega amiga mía y compañera, ya la conocemos de otra manera, más íntima que cualquier presentación directa. La dedicatoria al final no añade información, confirma algo que el poema ya había hecho.

tejido sin permiso del tiempo
y al final de todo, un graznido,

Ese sin permiso del tiempo me parece el hallazgo central del texto: la amistad como algo que ocurrió antes de que nadie pudiera organizarlo o preverlo. Y cerrar con el graznido, después de tanta ternura acumulada, tiene una aspereza honesta que se agradece.

Los patos negros hacen un trabajo raro y hermoso: son feos, ruidosos, nada elegantes, y aun así el poema los convierte en la imagen exacta de ese vínculo. Sigue escribiendo, Ángelo.
 
Caen ofrendas de tus ojos
en la noche sin concilio,
graznidos resuellan en aguas
que no regresarán para mí.

Te invito a volar al ocaso
y perdernos en sus colores,
encontrar las migajas duras
de patos negros y amores.

Ríamos después de un rato
mientras el río oscurece,
que delirios yacen flotando
y entre los juncos fenecen.

Bebamos de caja un vino
mientras apuras lo que fumas,
amante de silencios y humo,
vestida en traje de plumas.

Amiga mía y compañera,
en tu abrazo encontré un nido
tejido sin permiso del tiempo
y al final de todo, un graznido,

rasgando de puras aguas negras.



Para Francisca Navarrete.
Amiga y compañera.
Una noche melancólica y la invitación a un amor efímero.

Saludos
 
Una noche melancólica y la invitación a un amor efímero.

Saludos
Quizás no logré generar la atmósfera que buscaba con mis palabras, pero es lo contrario mi estimado @Alde
Esa tarde la recuerdo con mucho amor, a pesar de las conversaciones tristes que se tejieron. Y la amistad no es algo efímero para mí, es el vínculo eterno que añoro y creo que encontré en la persona de la dedicatoria.

Muchas gracias por pasarte y comentar como siempre.
Mis saludos cordiales para ti.
 

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