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Tus manos pálidas alcanzaron la gloria
y como un deseoso amante las sigo,
puesto que semejan a la mujer doria
cuya sangre oscura sólo fluye contigo.
Miras el campo rodeada de escoria
que ignora indolente al pobre mendigo.
-Bella Albión vives más en su memoria
que en la torre del esclavista...
Dispuesto el farol de la alondra
marca tu rumbo en último viaje,
tú que no cargaste pesar alguno
y aun así cediste ante el dolor.
Cuán injusta fue tu corta vida,
tan pobre el coro de tus cantares.
Pero cuánto te bendijo el amor
si Perséfone te sigue en la marcha
y claman silencio los negros...
A mi amada, mi hermana solitaria.
Supe mi vida acabada en un instante
cuando me vi atrapado entre las olas,
mi alma sin luz por el infierno errante
sin Alondra ni cantos vagó triste a solas.
Como un espectro me vi en la ciudad,
templos sollozantes me exigían redención.
Vano fue el vino nacido...
En un valle muerto resplandece
la vida contenida en tus ojos,
brillan aun cuando atardece
y el sol esfumina montes rojos.
Hay brío cuando amanece,
la ansiedad por ver tus cerrojos;
por ellos que importa qué acaece,
si la tierra cumple sus antojos.
Mas cuando el rocío vuelve
impregnando el aire...
En la nada construí mi palacio
oyendo tristes cantos errantes,
jamás la ira surcaba mis labios
embriagados en el seno de los mares.
Pero la turba acabó con mi claustro
exigiendo el fin de los cantares.
¡Como cedía la injusta prole de Fausto
a la ira de los demonios danzantes!
Luego el silencio...