Estás utilizando un navegador obsoleto. Puede que este u otros sitios no se muestren correctamente. Debes actualizarlo o utilizar un navegador alternativo.
Te amo como crece la yerba entre las piedras,
sin permiso, sin horarios, sin pensar si debe o no debe.
Te amo como respira el bosque cuando nadie lo ve,
hondo, tibio, salvaje, lleno de silencios que hablan más que mil palabras.
No sé amar de otra forma que no sea esta,
rústica y sin maquillaje...
¿Quién dijo que mis letras riman?
Como si escribir fuera un acto de geometría,
como si el alma obedeciera compases y reglas métricas.
Yo no escribo para rimar.
Escribo para sangrar.
Para que la palabra se me deslice desde el estómago hasta la punta de los dedos
como una herida mal cerrada.
No...
En la noche eterna, cuando el mundo guarda silencio, tu voz me llama. No importa la distancia ni el tiempo: es un susurro que se cuela entre las sombras, acariciando el alma como viento amable que hace florecer el corazón. Las estrellas —esas cómplices lejanas— danzan sobre el cielo de mi pecho...
Me perdí en tu cuerpo
como se pierde un náufrago que ya no quiere ser rescatado,
como se extravía un poema entre las curvas de una letra
que aún no ha sido escrita.
Tus muslos eran caminos sin regreso,
senderos donde mi aliento dejó huellas
y mis manos, ofrendas.
Me perdí en tu espalda
como el...
Fue en la curva exacta donde la música se muerde el labio,
donde el bandoneón suspira como si supiera lo que duele decir adiós sin pronunciarlo.
Allí te vi, recostada en el filo de la madrugada,
con el vestido rojo de las promesas que ya no caben en los bolsillos.
No dijiste nada.
Y yo tampoco...
Permíteme un segundo...
no digas nada aún,
déjame mirarte con los ojos que ya saben que vas a irte.
Déjame memorizar el contorno de tu tristeza,
las comisuras de tu adiós mal disimulado,
la forma exacta en que tus manos no me buscan.
Solo un segundo.
Te prometo no llorar en voz alta,
ni...
Ámame cuando tú quieras.
No te pido relojes ni promesas con fecha de vencimiento.
Ámame cuando te tiemble el pecho,
cuando el silencio se vuelva insomnio,
cuando no sepas dónde dejar tanta ternura acumulada.
Ámame si un día te despierta mi nombre,
si entre taza y taza de café sientes que algo...
Duele amar con el corazón roto,
como duele el sol cuando no alumbra,
como duele el mar que no tiene orilla
y rompe sus olas contra el silencio.
Te amo, aún con las grietas abiertas,
con los latidos sangrando despacio,
te amo desde los fragmentos
que ya no saben cómo sostenerse.
Amar así es...
La vida empezó con una maleta de ilusiones tejidas con crayones, cuentos de hadas y el olor a pan recién hecho. Caminaba descalzo entre los charcos del patio, sin saber que ya entonces estaba viajando, que la infancia era apenas una estación donde uno no quiere bajarse nunca. Creía en todo: en...
No es que te ame como se ama, así, con los dos pies en el suelo y el corazón haciendo fila.
Te amo como se camina por un borde sin baranda,
como se toma el café a medianoche sabiendo que no se va a dormir.
Es un amor de esos que no se anuncian,
como las corrientes submarinas que te arrastran...
Anoté todo, créeme.
La vez que me miraste como si yo fuera domingo.
La vez que lloraste y no supe qué hacer con tus lágrimas,
así que las dejé caer sobre mi café.
La vez que hicimos el amor sin ganas
y aún así nos aferramos como dos náufragos que no saben nadar.
Esto es un inventario, sí.
Uno...
El deseo es una cosa absurda,
como contar gotas de lluvia con la lengua,
como archivar besos en carpetas con clave.
Lo sostuve —lo juro—
como se sostiene el humo con las dos manos.
Y sin embargo,
se me fue.
Como si el deseo tuviera reloj y yo siempre llegara tarde.
Como si tus piernas fueran...
Hay un lugar en tu cuerpo donde mi memoria se tropieza.
No sé si fue tu espalda o el lóbulo izquierdo de tu ombligo,
pero algo en tu geografía deshizo mis mapas.
Ahí, donde la piel olvida su nombre,
donde el alfabeto del deseo se escribe con saliva y temblor,
yo fui verbo sin conjugación...
El amor se nos escapa
como agua entre las manos,
como sudor que resbala entre los cuerpos
después del deseo no dicho,
como lágrima terca que nadie se atreve a secar.
No importa cuánto aprieto los dedos,
cómo intento retener el calor de tu piel,
el amor —maldito sabio—
siempre encuentra la...
Acaríciame con tus cinco sentidos,
no como se acaricia la piel,
sino como se acaricia un poema que aún no se entiende.
Tócame con la vista,
con esa forma de mirar que desviste,
que hurga como quien rebusca en un cajón
donde aún vive el olor de otra vida.
Mírame hasta que no me reconozcas,
hasta...
Piel con piel,
así te sueño,
como se sueña el mar en plena sed,
como el fuego que no pide permiso
cuando halla leña donde arder.
Tu aliento baja por mi pecho
como un río manso y lento,
cada gota, una promesa,
cada roce, un juramento.
Te recorren mis labios
con la fe de un peregrino,
desnudos...
Te vi pasar con otro.
No sé si fue el viento,
el temblor de mis manos
o el alma que se me cayó al suelo sin hacer ruido.
Caminabas como si nunca me hubieras amado.
Como si mi boca no hubiera sido tu casa,
como si mis noches no hubieran sido tuyas
hasta el último suspiro.
Me quedé quieto.
Como...
Escribo con los nudillos rotos.
Con la lengua hecha trizas de tanto nombrarte sin decir tu nombre.
Mi último grito no lleva sonido,
es un papel arrugado en el fondo del pecho,
una carta que nadie leerá porque nadie sabe dónde dejé mi buzón.
Esta es mi última canción desesperada,
la que se canta...
Ámame como al principio,
cuando el temblor de tu voz era un relámpago en mi carne,
cuando tus dedos buscaban mi espalda
como quien aprende el abecedario de un mundo nuevo.
Ámame sin mapas, sin relojes,
como si no supiéramos todavía que el amor se desgasta,
como si el tiempo no tuviera la mala...
Llueve.
Y no escampa.
Como si el cielo se hubiera aferrado a una tristeza que no sabe soltar.
Como yo, contigo.
No es la lluvia lo que molesta —es la espera.
La de adentro.
La de quien mira por la ventana con la excusa del clima,
pero en realidad está contando los silencios.
Esos que no se...
Cuando tú callas,
algo se rompe en mi voz.
Cuando escondes la mirada,
el mundo se me vuelve gris.
No es mi piel la que sangra,
pero hay un eco tuyo que habita en mí,
y duele…
como si tus golpes
fueran cicatrices en mi espalda
No estás sola,
aunque el miedo te arrincone
y el amor se haya...
Empieza como un juego estúpido —contar gotas de lluvia—, pero sólo porque hay algo en la espera que necesita justificarse, como quien dobla servilletas de papel en triángulos perfectos para no confesar que está temblando por dentro. Llueve, y tú no llegas. Cada gota es un punto de suspensión en...
No es igual, amor,
aunque tu cuerpo tiemble entre mis brazos
como una rama herida de verano.
No es igual, aunque tus labios
me den el vino que embriaga la noche,
ni aunque tu piel arda
como el pan recién horneado por el deseo.
Te tengo, y no te tengo.
Mis manos recorren la geografía de tu...
Yo pude amarte.
Con la fe sucia de quien se arrastra por dentro,
con el estómago vacío y el corazón lleno de perros.
Pude haberte amado con la torpeza de mis días rotos,
con los bolsillos sin sueños
y el alma llena de ti.
Pude amarte como se aman los locos,
con cartas que nunca se escriben
y...
¡Ay! Cuando eres sapo de letrina,
no saltas: te arrastras.
No vives: sobrevives entre el moho de lo oculto,
croando verdades a medias desde lo más bajo del alma.
Y pensar que alguna vez te llamé hermano...
Jugábamos a la vida tú y yo,
cruzábamos tormentas hombro con hombro,
y mientras yo...
Aprendí a olvidarte despacito…
como se le olvida al cuerpo el aroma del mar cuando vive demasiado lejos de la costa.
No fue olvido, fue erosión:
una lluvia fina cayendo,
día tras día,
sobre la piedra exacta de tu nombre.
Olvidarte no fue arrancarte.
Fue dejarte secar en mí como ropa colgada en...
Mi cama es un campo de batalla donde sigo soñándote,
aunque ya no estés.
Tus rodillas dobladas, el suspiro a mitad del colchón,
la sábana arrugada que aún recuerda tu espalda.
Pero no quiero que vengas con el recuerdo,
quiero que vengas con el cuerpo.
Con el frío de tus pies y el caos de tus...
Y entonces, ¿qué se encuentra el hombre cuando ha perdido toda inocencia?
No una respuesta. No un mapa. Ni siquiera un espejo entero.
Se encuentra con la sospecha —insoportable, mordaz, mística— de que nada era verdad y sin embargo todo dolía como si lo fuera.
Se encuentra con el eco de su...
El hombre, que alguna vez creyó que el mundo cabía en una caja de zapatos donde Dios guardaba las tormentas por si algún día quería llover tristeza, camina ahora entre nubes que ya no son solo grises ni solo de algodón, sino ambas cosas al mismo tiempo: ironía y deseo; nostalgia y escepticismo...
Llueve con sol. Como si el cielo dudara.
Como si dijera: te amo, pero me dueles.
Como si un dios confundido llorara
con una sonrisa mal curada en la piel.
Es 7 de junio y parezco yo:
claridad mojada, verdad contradictoria.
Una parte quiere bailar con el día,
la otra se esconde debajo de la...
Este escrito es un acto íntimo de renacimiento. Habla con la voz de alguien que ha sobrevivido a sí misma, a su antigua versión —una mujer rota por un amor destructivo, por la espera vacía, por la esperanza que ya era dolor.
Aquí la protagonista declara muerta a su yo anterior, no con frialdad...
Mi más sentido pésame, sí.
A ese amor que murió sin avisar, sin funeral ni esquela, que no pidió permiso ni dejó nota.
Murió como mueren los libros olvidados en la última repisa de una biblioteca clausurada:
con polvo en las palabras y telarañas en los besos.
No hubo flores. Solo silencios.
Ni...
Casi me muero.
Y no lo digo como metáfora, ni como excusa poética.
Me morí un poco, en serio.
Cuerpo entubado, alma en huelga, médicos con cara de epitafio anticipado.
Una muerte lenta, sucia, sin glamour.
Una de esas donde ni los ángeles se atreven a entrar porque huele a espera y a derrota...
(prosa lírica estilo José Aníbal)
Fui hijo sin cuna propia, huésped a largo plazo en una familia prestada donde el afecto se medía en cucharadas de silencio. No heredé más que la costumbre de callar cuando duele. Desde entonces supe que ser dueño del destino no es un derecho, es una maña...
Y un día —sin fecha ni advertencia— el amor se esfumó como quien abandona un teatro antes del acto final, dejando la butaca tibia, pero vacía. Fue un eclipse sin luna, sin sol, sin ciencia. Un hueco perfectamente imperfecto entre lo que fuimos y lo que ya no importa.
No hubo estruendo, solo un...
"Al estilo de José Aníbal, con las manos llenas de negación y la lengua sucia de recuerdos"
Hoy no voy a escribir de amor.
Te lo juro.
No tengo ganas de llorar en verso
ni de acariciar ausencias con palabras rotas.
Hoy voy a hablar del café,
de esta taza que ya se enfría
como tus promesas...
Cuando el amor deja de doler
(Para Claridad, cuando al fin se ama a sí misma)
Cuando el amor deja de doler,
es porque al fin te quitaste el cuchillo con el que escribías su nombre en tu pecho.
Porque entendiste que no se puede sembrar jardín en la piel de alguien que solo quiere incendios...
Cuando el amor deja de doler,
es porque al fin te quitaste el cuchillo con el que escribías su nombre en tu pecho.
Porque entendiste que no se puede sembrar jardín en la piel de alguien que solo quiere incendios.
Cuando el amor deja de doler,
no es que se haya ido el amor…
es que volviste a ti...
Si cada lágrima caída por esos amores tristes —que no eran amores sino prácticas de tortura con disfraz de promesas— hubiera quedado registrada, no necesitaría plomería: tendría un océano en el patio, con olas de histeria y mareas de “te juro que esta vez será diferente”.
Sería una atracción...
Lo que fuimos se jodió.
Así, sin más.
Como se joden las cosas que uno cree eternas:
una carcajada,
una promesa,
una mujer.
Tú te fuiste primero, aunque te quedaras.
Yo me quedé, aunque ya no era yo.
Dormíamos espalda con espalda,
como dos enemigos que se cansaron de dispararse.
Ni balas...
No llores, amor, no porque no tengas razones,
sino porque tus lágrimas son más verdaderas que las preguntas que intentan atraparlas.
No expliques tu silencio…
que el alma también habla cuando se queda quieta
y tiembla cuando nadie la toca.
¿Quién dijo que amar demasiado es no tener amor?
No...
No es un dolor poético ni romántico. No es ese zumbido melancólico de quien ha amado demasiado o ha leído a Pessoa sin desayuno. Es un dolor físico, legítimo, con papeles notarizados y todo. Late como un tambor desafinado en el fondo del cráneo, como si un gnomo sindicalista hubiera decidido...
Caí, claro. No con elegancia de trapecista ni con el aplomo dramático de una actriz de radionovela, no. Caí como caen los que no están preparados ni para el suelo ni para la metáfora: con el alma a medio doblar y el cuerpo recordando que la gravedad no perdona.
Después vino el bamboleo.
Ese...
A veces pienso que vos y yo no nacimos de costillas, sino de un terremoto que olvidó cerrar sus grietas. Éramos eso: un cruce de líneas sísmicas besándose bajo la piel, vos con tus uñas como lápices desafilados escribiéndome en la espalda mapas que no llevaban a ningún lado, y yo, empeñado en...
Hay rutas que no se trazan con mapas, sino con latidos. Caminos donde las señales son besos que aún arden y espinas que no se resignan al olvido. Vos y yo, por ejemplo, fuimos una vereda torcida en medio del vértigo, un atajo hacia lo incierto que tomamos sin preguntar si habría regreso.
Te...
Yo no sé escribirle a las madres sin que se me haga nudo el alma,
sin que se me enturbien los ojos de tanto recuerdo que huele a sopa caliente,
a regaño con ternura, a abrazo que no se pide y llega como milagro.
Las madres no nacen el día que paren,
nacen mucho antes, en el gesto de darse,
en...
Ah, claro. Gracias por el análisis quirúrgico de mi manifiesto. No sabía que necesitaba un certificado de funcionalidad para expresar una opinión. Te lo agradezco, sinceramente, porque entre tanta emoción subversiva se me olvidó pasar mi texto por el escáner de “lecturas rápidas sin mayor...
—o cómo sobrevivir en un mundo que aplaude a los idiotas mientras quema las bibliotecas—
Nos declaramos culpables.
Culpables de pensar con calma en un mundo de prisa.
De usar puntos y comas cuando la mayoría solo escupe emojis.
De dudar, comparar, cuestionar... mientras allá afuera, los idiotas...
Sábado entre rayos y truenos, como si el cielo también supiera que te pienso. Las nubes se pelean sobre mi techo, y yo, abajo, abrazo el ruido como se abraza la ausencia: con resignación y algo de deseo. No te llamo porque sería inútil explicarte que los relámpagos me recuerdan a tus ojos cuando...
Basado en tu poema:
"Aplazar el desayuno"
(Poema paralelo)
El sol no ha dicho su primera palabra,
y ya tu silueta balbucea deseos
entre el vapor del café que no beberemos.
Tus pezones, heraldos del alba,
asoman bajo una camiseta que aprendió
a dejar de ocultar lo inevitable.
Hay migas en la...
El poeta nos habla desde el espacio íntimo de un despertar compartido, no solo físico sino emocional y sensorial. La escena cotidiana —el olor a café, el pan tostado, el desorden del cuarto— se mezcla con un deseo latente que desborda lo carnal para volverse casi místico.
El "extraño cíclope"...
Hoy llovió,
y yo, muy digno, muy serio,
crucé la calle esquivando charcos
como quien esquiva la tristeza.
Pero te pensaba.
Ay, cómo te pensaba.
Pensaba en tu boca,
en ese lunar escondido donde empieza la risa,
en tus manos,
en tus manos que parecen inventadas para pecar despacito.
La lluvia...
Capítulo primero: El inventario de los vacíos
Abres los cajones del alma y encuentras polvo de promesas rotas, hilos de sueños deshilachados. Es aquí, entre las grietas de lo que callaste, donde debes empezar: cuenta las ausencias como quien enumera estrellas fugaces. Anota en tinta invisible...
Jugamos a mirarnos como idiotas,
a creer que el amor nos va a salvar,
a escribirnos mensajes tontos,
a llorar por cosas mínimas,
a esperar el timbre del teléfono
como se espera el fin del mundo.
Jugamos a abrazarnos como si el abrazo pudiera sostenernos,
a besarnos hasta olvidarnos del hambre...
¿Soy feliz?
No sé, ¿vos sos feliz cuando te da por reírte sin causa aparente? Porque yo sí, a veces me río solo, en voz baja o en carcajada sorda, y no es locura —aunque podría ser— sino que me acuerdo de mí mismo, de lo que fui, de lo que soy, de lo que casi no fui pero ahora soy, y me caigo...
No escribo mejor que vos, es que provocás a mis dedos.
Los hacés pecar sobre el teclado como quien toca una espalda tibia a escondidas,
como quien deletrea un deseo sin mojarse la boca.
No es que yo sepa más,
es que tu voz en las palabras me despeina el juicio,
y termino escribiendo con la...
Prólogo en forma de reloj descompuesto
Las lágrimas son relojes líquidos, péndulos que oscilan entre el pecho y el vacío. No caen: se desprenden, como estaciones de tren abandonadas en una ruta hacia ninguna parte. Detenerlas no es un acto de voluntad, sino de prestidigitación metafísica. Se...
(o de cómo evitar la plaga de los pronombres enamorados)
No quiero escribir de amor, porque el amor ya fue ocupado por todos los adjetivos vencidos. Está en huelga, el pobre. Saturado de metáforas oxidadas que le dejaron los poetas como si fueran migajas después del banquete.
Prefiero escribir...
Prólogo del vacío
Hay poetas que nacen con el alma hendida, como vasijas que guardan solo ecos de lo que pudo ser. No buscan la luz, sino las grietas por donde se filtra la oscuridad. Su oficio no es cantar, sino arañar el silencio hasta extraer de él un lenguaje hecho de sombras. Este manual...
Desde el punto de vista del poeta, este poema es una confesión íntima y vulnerable. Es la voz de un hombre que ha sido tocado por el amor y que, en la ausencia del ser amado, encuentra consuelo y desahogo en la naturaleza: el cielo, el mar, la playa. No escribe para seducir, sino para recordar...
Tu voz es un conjuro de luz que acaricia la piel de mis días. No hablas, resplandeces. Hay algo en tu acento, en esa música que nace de tu boca, que convierte el camino cotidiano en un jardín secreto donde florece la dicha. Cada palabra tuya es semilla y perfume, y me crece una sonrisa sin darme...
No sé por qué preguntas, si en el fondo ya sabés la respuesta. Cada vez que me leés, no estás buscando entenderme, estás buscando sobrevivirme. Porque entre mis palabras hay filos escondidos, trampas invisibles que se activan con tu voz. No escribo para herirte, pero te duele igual —como si el...
Quería hablar del amor que ya no se puede decir con nombres propios. De ese sentimiento que se escribió solo, entre los silencios, los errores y las ausencias.
No es un poema de amor tradicional. No tiene un tú claro, ni un yo estable. Es una búsqueda entre ruinas, un intento de entender si lo...
(poema sin destinatario que se parezca a tu sombra)
Es sencillo:
primero, desordena el orden de las palabras
hasta que digan lo que no dije.
No busques pronombres,
no hay “tú” que sobreviva intacto
cuando la metáfora ha sido amputada.
Lee entre líneas
como si las líneas fueran caminos...
La vi vestida de domingo, pero era jueves.
El mundo se deshizo en un parpadeo de pétalos ajenos.
Ella, que una vez fue la pausa en mis frases largas,
el paréntesis donde cabían mis desvelos,
caminaba hacia otro verbo, uno que no me contenía.
No hubo gritos.
El amor no se va con estruendo: se...
No hay boleto de regreso. Tampoco maletas. Apenas una sonrisa mal doblada en el bolsillo izquierdo y un par de recuerdos que hacen ruido como monedas extranjeras.
El hombre —llamémosle Hombre, así con mayúscula, para que no se nos escape por las rendijas del anonimato— se calzó los zapatos...
¿Por qué esto es prosa lírica y no un poema en verso libre?
Cuando escribí este texto, lo concebí como prosa lírica porque, aunque utiliza recursos poéticos como metáforas, imágenes sensoriales y un lenguaje emocional, está estructurado en párrafos continuos, sin la división en versos o...
No te deseo.
Me lo repito como quien afila el silencio con los dientes,
como quien guarda un fósforo
sabiendo que va a encenderse solo.
No te deseo.
Lo juro con la boca cerrada,
mientras la piel recuerda
el mapa exacto de tus dedos en mi espalda.
No te pienso.
Pero cada pensamiento tropieza...
Quema el día como si fuese un cigarro mal apagado, una esquina de sol recalentando las dudas que dejaste sobre la cama.
No te busco, me quemo. No te olvido, me ardo.
A veces la memoria se empecina en repetir el incendio:
el roce de tu nombre en mi lengua,
la gota de sudor que no sé si era tuya...
Quiero responder a esta premisa desde la experiencia de enseñar literatura, porque sí, es una confusión muy común: ¿cómo se diferencia el ritmo del paso narrativo? ¿Y por qué se mezclan tanto, sobre todo cuando hablamos de prosa poética o poemas prosados?
Primero, pongamos esto fácil.
El ritmo...
Primero, hay que traicionar al lenguaje.
Sí, mirarlo a los ojos,
y decirle con ternura: no me sirves así, tan limpio, tan predecible.
La prosa perfecta se recita sola, se acomoda como sábana bien doblada sobre la cama de la sintaxis.
Pero el poema imperfecto…
ah, ese es un animal que se...
El cuerpo no hace el amor: lo interrumpe.
Porque el deseo no es lineal, ni lógico, ni sabe conjugarse sin tartamudear.
Se piensa que el roce es un comienzo, pero a veces es un eco.
El gemido no siempre responde al contacto, a veces responde a una ausencia que el cuerpo confunde con presencia.
Lo...
El cuerpo es una hipótesis sin demostrar. Se habita como una casa sin planos: pasillos que conducen al mismo dolor, habitaciones donde el deseo dejó olvidado su abrigo. A veces despierto en una pierna ajena, como si la noche me hubiera prestado un cuerpo que no me pertenece.
Los órganos no...
El día piensa por mí cuando yo me distraigo pensando en qué haría el día si no tuviera que fingir que es un día.
Porque el sol no brilla: redacta, en lenguaje de quemadura, su propio argumento.
Y yo, que no soy metáfora ni tampoco literal, me asomo al espejo como quien espera que el reflejo dé...
Esto es un ejemplo de una prosa ;
"Hay días"
Hay días que no empiezan, sólo se arrastran. Días que no tienen nombre, sólo peso.
Uno despierta sin haber dormido y camina sin haber partido.
Hay días en que el café no despierta, la luz no ilumina, las palabras no dicen.
Días en que uno no sabe si...
Déjalo.
Que escriba aunque se le caigan los párpados de tanto mirar hacia adentro, aunque la noche le cierre la garganta y la palabra se arrastre como un animal herido.
Hay cuerpos que sólo se redimen al escribir su herida, y él ha hecho del lenguaje su catarsis, su acto de resistencia ante el...