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era una camarera
hermosísima.
"el amor no
da de comer"
le escuche decir
una vez.
y fue entonces
cuando mi deseo
se escurrió
por los bolsillos
agujereados de mi pantalón
hacia el limo del suelo.
todo para nada,
y los cafés con dinero de prestado
deudas par el desamor
De mi carcaj de Alado Cupido extraje
Travesuras, Insolencias e Jaleo
como flechas para mis brazos en cruz.
A mi Fuerza y Rebeldía,
pues le pertenecía mi Corazón de Jabato,
Ella, la delegada, ordenaba a las Centurias del aula
que me arrodillasen delante del encerado,
la cruz.
Cuanto más me...