La quería muerta,
a tres metros bajo tierra,
escondida tras la suelas de mis pies,
con el intercostal fracturado,
y en su cuello,
las marcas de mis manos,
de mis dedos clavados,
carnaza de mi hambre,
y de mis ganas de comer.
Yo la tenía,
antes de que todo se volviera del revés,
cuando aún me...