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Santana y la Muerte

Tema en 'Prosa: Melancólicos' comenzado por Juan S., 29 de Mayo de 2020. Respuestas: 2 | Visitas: 200

  1. Juan S.

    Juan S. Poeta recién llegado

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    Hoy la muerte se asomó a mi ventana con su velo blanco y ojos negros me llamó -Santana-, he venido por ti, rápidamente regresé a verla, no les miento me sentí feliz como nunca antes, sentí que mi mente quería volar a sus brazos, pero mi cuerpo estaba aferrado a una soga que colgaba del armario; con una mirada nostálgica la vi de nuevo mientras sonreía, su expresión era fría quizás podría decir que fue como la mujer de la pintura Autour d'elle de Chagall, la cual expresa una lóbrega seriedad en una hermosa noche de luna llena.

    Pasaba el tiempo y la lluvia no tardó en llegar, a lo lejos veía cómo las gotas bajaban a toda prisa, pero cuando éstas tocaban su cuerpo se tornaban de un color azul muy brillante y el tiempo allí se detenía, podría decir que en la muerte vi un universo lleno de colores y estrellas en el infinito de un cuerpo celestial que carecía de vida.

    El espacio en el que estaba era muy reducido, sentía que parado en esta silla podía ver atrás de la muerte un horizonte, podría compararse con el espacio que queda después del punto final de una hoja que no se terminó de escribir; pensé en ver una vez más el amanecer a través de la muerte en ese único horizonte, pero aún faltaba mucho para llegase ese momento; la muerte nunca tuvo prisa, me decía, toma tú tiempo al final estaré contigo.
    Al escuchar eso mi corazón con la garganta echo un nudo le susurraba a mi alma y le decía, abre los ojos que no estás sola, la parca ha venido a verte.
    Se acercaba la media noche y empezaron a caer miles de rayos y ensordecedores truenos del cielo que clamaban por esta alma. Al igual que el cielo, el infierno no se quedó atrás el cuál azotaba con un fuego de mil colores abajo de la ventana que aún veía Santana.

    Era ya media noche y sin un trago encima mi mente divagaba, ya mi cuerpo empezaba a temblar y la silla que aún pisaba, se levantada de un lado a otro, una y otra vez, una y otra vez …, la tormenta que se desato afuera no se comparaba con el tormento que estaba viviendo, mis manos ya estaban rojas y sudorosas, la cuerda de cabuya que sostenía se empezaba a humedecer; solo puedo decir que buscaba un equilibrio, no específicamente de la silla que se tambaleaba de un lado a otro, si no que precisaba de un equilibrio existencial.

    Pasaron las horas y aún lejos de ver el amanecer solo veía una parte de la luna a través de mi ventana, la lluvia nunca se detuvo esa noche, pero el fuego del infierno cesó al igual que los rayos del cielo, los dioses me dejaron volar y yo como un polluelo perdido salté de esa silla con los brazos muy abiertos hacia la muerte, la cual me esperó con una bufanda echa de cabuya y me recibió con una ternura implacable, y abrazándome del cuello me llevó junto a ella a un universo infinito.


    Fin.
     
    #1
    Última modificación: 17 de Junio de 2020
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  2. goodlookingteenagevampire

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    #2
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  3. Juan S.

    Juan S. Poeta recién llegado

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    Gracias amigo, no me percaté de esas pequeñas fallas.
     
    #3
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