abcd
Poeta adicto al portal
De cuerpo inhumanamente invisible,
de un río en su brevedad púrpura.
Por dentro, muy adentro,
de mustia carne fenecida,
encontraras en futuros crepúsculos
retazos de cuero, con cercos
enérgicas en tus manos,
revolcarse en el lodo de tus pestañas
hasta en tus entrañas coser
pergaminos de hilos celestes.
Pueden llegar, tres vidas,
frenéticas a copular con tu fuego
hasta arder en infinito cosmos,
pueden, podrán...
De minúscula atracción escarlata,
mis celosos diamantes caníbales
son bohemios seres en la quinta
estancia de tu alma bandida.
Se emborrachan de silencios,
se duermen, retóricos,
bendecidos de encanto abisal.
Ahí, cuando tu risa
No tendré en mi fauna dopada
el pecado que tus muelas ansían,
ni la colección de lúdicos ataúdes
para que tu pesadilla
se transforme en mi sueño...
se asume amniótico mar
de un río en su brevedad púrpura.
Por dentro, muy adentro,
de mustia carne fenecida,
por fuera, bien cerca de la piel,
blanca indecencia inmaculada.
Artista de corceles pigmeos
blanca indecencia inmaculada.
Artista de corceles pigmeos
encontraras en futuros crepúsculos
retazos de cuero, con cercos
artesanalmente accesibles.
Son tus desleales catecismos
a una genocida lista de abadía.
Pueden andar, mil vidas
enérgicas en tus manos,
revolcarse en el lodo de tus pestañas
hasta en tus entrañas coser
pergaminos de hilos celestes.
Pueden llegar, tres vidas,
frenéticas a copular con tu fuego
hasta arder en infinito cosmos,
pueden, podrán...
De minúscula atracción escarlata,
mis celosos diamantes caníbales
son bohemios seres en la quinta
estancia de tu alma bandida.
Se emborrachan de silencios,
se duermen, retóricos,
bendecidos de encanto abisal.
Ahí, cuando tu risa
erupciona el virus del pasado,
es cuando caigo sumiso
postrando la amarga dulzura de mi rostro
en las salitres de un vientre diezmado,
rasgando rodillas esclavas
en lava ardiente,
nuestro lago de recuerdos muertos.
en las salitres de un vientre diezmado,
rasgando rodillas esclavas
en lava ardiente,
nuestro lago de recuerdos muertos.
No tendré en mi fauna dopada
el pecado que tus muelas ansían,
ni la colección de lúdicos ataúdes
que ilusionan tu credo vanguardista.
No tendré, si es que fueran armoniosas
tristemente celebres calaveras en el bolsillo
ni una culpa enajenada,
de esas siniestras para enterrar en el ombligo.
No tendré, entre lunares plateados,
el ciervo que muerde faldas borrosas
ni el hábil clérigo
que administra infiernos en la yema de los dedos,
pero estoy,
estuve
y siempre estaré,
anudando tus pulsos,
No tendré, si es que fueran armoniosas
tristemente celebres calaveras en el bolsillo
ni una culpa enajenada,
de esas siniestras para enterrar en el ombligo.
No tendré, entre lunares plateados,
el ciervo que muerde faldas borrosas
ni el hábil clérigo
que administra infiernos en la yema de los dedos,
pero estoy,
estuve
y siempre estaré,
anudando tus pulsos,
para que tu pesadilla
se transforme en mi sueño...
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