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Madejas de sueños se tejen en el cielo,
hacen reflejo sobre ésta tímida ribera,
las sombra de los sauces con su festejo.
Qué agraciada es la caricia del viento,
cuando la luz de la luna cae en el cortejo,
en una gesta de rosas con besos de olivo,
bañándose ellas a expensas de mi puerto.
Aquellos viajes solitarios donde dormita
la musa ajena, sí yo soy ella, un pasaje
de inseparables versos abriendo la noche.
Temía encontrarme con algún bosquejo,
ensobrado en el vacío del extenso río,
que le reza a los misterios de sus caudales.
!Ah si hablara la poesía de mis labios!
de los latidos de los álamos y el baño
del rocío que ampara mis fantasías,
estaría atontada en un tino de amor.
MARIÁN GÓNZALES*