16 de Caminos Interiores

versos rotos

La poesía es el cristal a través del que miro.
Empiezo a acostumbrarme a estar contigo,

contar junto a ti el cielo alfombrado

de las noches insomnes, aferrado

a tu piel, donde me refugio y abrigo.


Esquivar al unísono las olas

de la eterna playa en que nos perdemos.

Oír contigo, donde nos tendemos,

El mar en las inertes caracolas.


Dejar que a tu lado el atardecer

otoñal nos acuarele de rojos,

y ahogar en tu silencio mi ansiedad.


Empiezo a acostumbrarme a envejecer

ahuyentando mis miedos en tus ojos.

Empiezas a gustarme soledad.​
 
Empiezo a acostumbrarme a estar contigo,

contar junto a ti el cielo alfombrado

de las noches insomnes, aferrado

a tu piel, donde me refugio y abrigo.


Esquivar al unísono las olas

de la eterna playa en que nos perdemos.

Oír contigo, donde nos tendemos,

El mar en las inertes caracolas.


Dejar que a tu lado el atardecer

otoñal nos acuarele de rojos,

y ahogar en tu silencio mi ansiedad.


Empiezo a acostumbrarme a envejecer

ahuyentando mis miedos en tus ojos.

Empiezas a gustarme soledad.​
Como los caminos de la vida, encuentras de todo
 
Empiezo a acostumbrarme a estar contigo,

contar junto a ti el cielo alfombrado

de las noches insomnes, aferrado

a tu piel, donde me refugio y abrigo.


Esquivar al unísono las olas

de la eterna playa en que nos perdemos.

Oír contigo, donde nos tendemos,

El mar en las inertes caracolas.


Dejar que a tu lado el atardecer

otoñal nos acuarele de rojos,

y ahogar en tu silencio mi ansiedad.


Empiezo a acostumbrarme a envejecer

ahuyentando mis miedos en tus ojos.

Empiezas a gustarme soledad.​

La soledad a veces es buena pero sin duda en un momento nos condena, aunque sin duda esta soledad que te pasa te ha hecho escribir un hermoso poema, ciertamente la soledad pesa mucho y es bueno sacarla en letras, dejar fluir los sentimientos, dejarlos salir e intentar volver a ser alegres, hermoso escrito, saludos.
 
Empiezo a acostumbrarme a estar contigo,

contar junto a ti el cielo alfombrado

de las noches insomnes, aferrado

a tu piel, donde me refugio y abrigo.


Esquivar al unísono las olas

de la eterna playa en que nos perdemos.

Oír contigo, donde nos tendemos,

El mar en las inertes caracolas.


Dejar que a tu lado el atardecer

otoñal nos acuarele de rojos,

y ahogar en tu silencio mi ansiedad.


Empiezo a acostumbrarme a envejecer

ahuyentando mis miedos en tus ojos.

Empiezas a gustarme soledad.​
Atraparse por esa soledad que deja espacios para sentir
esos espacios y esa etenidad desde la intima melancolia
asumida. el poema es una lucha interior y al leerlo
deja como un triste placer de consecuencias aceptadas.
felicidades. bellissimo. saludos de luzyabsenta
 
Empiezo a acostumbrarme a estar contigo,

contar junto a ti el cielo alfombrado

de las noches insomnes, aferrado

a tu piel, donde me refugio y abrigo.


Esquivar al unísono las olas

de la eterna playa en que nos perdemos.

Oír contigo, donde nos tendemos,

El mar en las inertes caracolas.


Dejar que a tu lado el atardecer

otoñal nos acuarele de rojos,

y ahogar en tu silencio mi ansiedad.


Empiezo a acostumbrarme a envejecer

ahuyentando mis miedos en tus ojos.

Empiezas a gustarme soledad.​
Bello y melancólico poema que sorprende algo, por lo menos a mí, en su verso final. Un abrazo amigo versos rotos. Paco.
 
Gracias Paco, esa era un poco la intención, que todo el soneto pareciera dedicado a una mujer..., hasta el final. Un abrazo.
 

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