MARIANNE
MARIAN GONZALES - CORAZÓN DE LOBA
Su desmedido vuelo de quietud,
amordazaba al funesto escultor.
Erase él que cedía su sustento,
bajo su manga llena de color.
Empobrecía su tormento vuelo,
como cualquier vago rotulador.
Sentía cierta excentricidad ágil,
que lamía sus alas con relevo,
pude tatuarme en el ojo su cielo,
trillaba su corazón de hierro,
queriendo reprimirle su duelo,
en un golpe bajo, bajo el suelo.
Camine con las rodillas astilladas,
para corear con su tímido manto,
su voz se esparcía sobre el anillo
que brotó en su nube de armadillo,
cediéndole un cerillo amarillo
que por poco casí mato a Aurora.
Marianne
amordazaba al funesto escultor.
Erase él que cedía su sustento,
bajo su manga llena de color.
Empobrecía su tormento vuelo,
como cualquier vago rotulador.
Sentía cierta excentricidad ágil,
que lamía sus alas con relevo,
pude tatuarme en el ojo su cielo,
trillaba su corazón de hierro,
queriendo reprimirle su duelo,
en un golpe bajo, bajo el suelo.
Camine con las rodillas astilladas,
para corear con su tímido manto,
su voz se esparcía sobre el anillo
que brotó en su nube de armadillo,
cediéndole un cerillo amarillo
que por poco casí mato a Aurora.
Marianne
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