Sabes que juntar palabras para suturar la herida
no sirve de mucho
el alarde y la arrogancia de sus destellos
nos encandila y nos hace olvidar por un momento
que siempre fuimos ciegos
y eso ahora más nunca lo entendemos
aunque pongamos toda nuestra sangre y los últimos hálitos
entre lágrima y lágrima
para mantener la rebelión
contra las dudas y los insomnios y las encrucijadas de la edad
soportar los dolores físicos y espirituales
como si fuéramos místicos ascetas
de un Dios muerto
que no nos resignamos a ver allí tirado y maltrecho en el pudridero
pensando siempre que hubiera sido lo mejor,
para los dos
olvidando que desde siempre estuvimos separados
que eso de tomarnos de la mano,
caminar
besarnos y despertar juntos,
fue sólo un espejismo en el desierto de nuestra soledad.
no sirve de mucho
el alarde y la arrogancia de sus destellos
nos encandila y nos hace olvidar por un momento
que siempre fuimos ciegos
y eso ahora más nunca lo entendemos
aunque pongamos toda nuestra sangre y los últimos hálitos
entre lágrima y lágrima
para mantener la rebelión
contra las dudas y los insomnios y las encrucijadas de la edad
soportar los dolores físicos y espirituales
como si fuéramos místicos ascetas
de un Dios muerto
que no nos resignamos a ver allí tirado y maltrecho en el pudridero
pensando siempre que hubiera sido lo mejor,
para los dos
olvidando que desde siempre estuvimos separados
que eso de tomarnos de la mano,
caminar
besarnos y despertar juntos,
fue sólo un espejismo en el desierto de nuestra soledad.