versos rotos
La poesía es el cristal a través del que miro.
Puedo continuar, la senda culebrea,
Se empina a cada paso y se bifurca
mil veces hacia barrancos hambrientos;
Brota de mis ojos mar y ya cimbrean
mis cansadas piernas, el viento surca
sobre la piel, ajada de caimientos.
Debo continuar, antes que la marea
Inunde allá de donde el verso mana,
antes que la voz sucumba al silencio
en la última noche que me recites.
Antes, deberé ponerme a la tarea
de acequiar el manantial que dimana
de mi pecho hacia el redil que aquerencio:
Al lago de tus ojos si permites.