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32. Los estilos en la poesía - Lope de Vega

edelabarra

Mod. Enseñante. Mod. foro: Una imagen, un poema
Los estilos literarios.

Lope de Vega

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Félix Lope de Vega y Carpio,
(n. y m. en Madrid, 1562-1635).

Fue una de las figuras máximas de la literatura universal.

De gran fecundidad creadora, le dio al teatro español, una nueva estructura, en oposición a la rigidez del teatro francés, con versos polimétricos, cambios cronológicos, espaciales y temáticos, que defendió vivamente en su libro “Arte nuevo de hacer comedias”.

Tuvo un ilustre maestro, el genial escritor, poeta y músico Vicente Espinel, inventor de la décima espinela y también genio musical que agregó una cuerda a la guitarra.

Tuvo muchos amores en su vida, la actriz Elena de Ossorio (Filis), relación que terminó mal, un matrimonio con Isabel de Urbina (Belisa), a la que había raptado, un segundo matrimonio con Juana Guardo, pero luego conoce al amor de su vida, Micaela de Luján (Camila Lucinda) y por último su amor con Marta de Nevares (Amarilis) quien dolorosamente, quedó ciega y perdió la razón falleciendo en 1632. Un año después, su hija Antonia Clara (Clarilis) huyó de su casa con un galán, y nunca volvió a verla. Murio el 27 de agosto de 1635.

Murio el 27 de agosto de 1635.

Escribía tan rápido e inspirado, que le bastaban cinco horas, para escribir una comedia de ocho páginas, almorzar, escribir una carta con cincuenta tercetos y regar todo su jardín, cómo el mismo lo cuenta, según su biógrafo y discípulo Juan Pérez de Montalbán.

Por su enorme producción literaria, se lo llama con justicia, “El Fénix de los Ingenios”.

Produjo, según Montalbán, 1800 comedias, de las que se conocen 500, fue poeta lírico, épico, festivo, popular, poemas didácticos, mitológicos, cómicos, narrativos, bucólicos, místicos,

Independientemente de su teatro, Lope tendrá siempre un lugar excepcional en las antologías de la poesía española, con sus villancicos:

VILLANCICOS

1

Nace el alba clara,
la noche pisa,
del cielo la risa
su paz declara;
el tiempo se para
por sólo vella,
desterrando la noche
de nuestras penas.

Para ser señora
del cielo, levanta
esta niña santa
su luz aurora;
él canta, ella llora
divinas perlas,
desterrando la noche
de nuestras penas.

Aquella luz pura
del Sol procede,
porque cuanto puede
le da hermosura;
el alba segura
que viene cerca,
desterrando la noche
de nuestras penas.

Este primer villancico, tiene una estructura de versos de 6-5-6-5-6-5-7-5 sílabas, rimas A-B-B-A-A-c-D-c siendo las mayúsculas consonantes y las minúsculas asonancias. Su estilo sencillo, casi ingenuo, convierte estos villancicos en verdaderas obras de arte poético.

2

Las pajas del pesebre,
niño de Belén,
hoy son flores y rosas,
mañana serán hiel.

Lloráis entre las pajas
de frío que tenéis,
hermoso niño mío,
y de calor también.

Dormid, cordero santo,
mi vida, no lloréis,
que si os escucha el lobo,
vendrá por vos, mi bien.

Dormid entre las pajas,
que aunque frías las veis,
hoy son flores y rosas,
mañana serán hiel.

Las que para abrigaros
tan blandas hoy se ven
serán mañana espinas
en corona cruel.

Mas no quiero deciros,
aunque vos lo sabéis,
palabras de pesar
en días de placer.

Que aunque tan grandes deudas
en paja cobréis,
hoy son flores y rosas,
mañana serán hiel.

Dejad el tierno llanto,
divino Emanüel,
que perlas entre pajas
se pierden sin por qué.

No piense vuestra madre
que ya Jerusalén
previene sus dolores,
y llore con Joseph.

Que aunque pajas no sean
corona para Rey,
hoy son flores y rosas,
mañana serán hiel.


3

De una Virgen hermosa
celos tiene el sol,
porque vio en sus brazos
otro sol mayor.

Cuando del Oriente
salió el sol dorado,
y otro sol helado
miró tan ardiente,
quitó de la frente
la corona bella,
y a los pies de la estrella
su lumbre adoró,
porque vio en sus brazos
otro sol mayor.

«Hermosa María,
dice el sol vencido,
de vos ha nacido
el sol que podía
dar al mundo el día
que ha deseado».
Esto dijo humillado
a María el sol,
porque vio en sus brazos
otro sol mayor.

4

Zagalejo de perlas,
hijo del Alba,
¿dónde vais que hace frío
tan de mañana?

Como sois lucero
del alma mía,
al traer el día
nacéis primero;
pastor y cordero
sin choza y lana,
¿dónde vais que hace frío
tan de mañana?

Perlas en los ojos,
risa en la boca,
las almas provoca
a placer y enojos;
cabellitos rojos,
boca de grana,
¿dónde vais que hace frío
tan de mañana?

Que tenéis que hacer,
pastorcito santo,
madrugando tanto
lo dais a entender;
aunque vais a ver
disfrazado el alma,
¿dónde vais que hace frío
tan de mañana?


5

La Niña a quien dijo el Ángel
que estaba de gracia llena,
cuando de ser de Dios madre
le trujo tan altas nuevas,

ya le mira en un pesebre,
llorando lágrimas tiernas,
que obligándose a ser hombre,
también se obliga a sus penas.

¿Qué tenéis, dulce Jesús?,
le dice la Niña bella;
¿tan presto sentís mis ojos
el dolor de mi pobreza?

Yo no tengo otros palacios
en que recibiros pueda,
sino mis brazos y pechos,
que os regalan y sustentan.

No puedo más, amor mío,
porque si yo más pudiera,
vos sabéis que vuestros cielos
envidiaran mi riqueza.

El niño recién nacido
no mueve la pura lengua,
aunque es la sabiduría
de su eterno Padre inmensa.

Mas revelándole al alma
de la Virgen la respuesta,
cubrió de sueño en sus brazos
blandamente sus estrellas.

Ella entonces desatando
la voz regalada y tierna,
así tuvo a su armonía
la de los cielos suspensa.

Pues andáis en las palmas,
Ángeles santos,
que se duerme mi niño,
tened los ramos.

Palmas de Belén
que mueven airados
los furiosos vientos
que suenan tanto.

No le hagáis ruido,
corred más paso,
que se duerme mi niño,
tened los ramos.

El niño divino,
que está cansado
de llorar en la tierra
por su descanso,

sosegar quiere un poco
del tierno llanto,
que se duerme mi niño,
tened los ramos.

Rigurosos yelos
le están cercando,
ya veis que no tengo
con qué guardarlo.

Ángeles divinos
que vais volando,
que se duerme mi niño,
tened los ramos.

y canciones como:

CANCIÓN

¡Oh libertad preciosa,
no comparada al oro,
ni al bien mayor de la espaciosa tierra,
más rica y más gozosa
que el precioso tesoro
que el mar del sur entre su nácar cierra;
con armas, sangre y guerra,
con las vidas y famas,
conquistado en el mundo;
paz dulce, amor profundo
que el mar aparta y a tu bien nos llamas;
en ti sola se anida
oro, tesoro, paz, bien, gloria y vida!

(se puede apreciar, en la primera estrofa de esta composición, el amor por la libertad que manifestaba Lope, como un bien supremo; son estancias, donde combina endecasílabos y heptasílabos).

Cuando de las humanas
tinieblas vi el cielo
la luz, principio de mis dulces días,
aquellas tres hermanas
que nuestro humano velo
tejiendo, llevan por inciertas vías,
las duras penas mías
trocaron en la gloria
que en libertad poseo,
con siempre igual deseo,
donde verá por mi dichosa historia
quien más leyere en ella
que es dulce libertad lo menos della.

Yo, pues, señor exento
desta montaña y prado,
gozo la gloria y libertad que tengo.
Soberbio pensamiento
jamás ha derribado
la vida humilde y pobre que sostengo.
Cuando a las manos vengo
con el muchacho ciego,
haciendo rostro embisto,
venzo, triunfo y resisto
la flecha, el arco, la ponzoña, el fuego,
y con libre albedrío
lloro el ajeno mal y canto el mío.

Cuando la aurora baña
con el rocío
de aljófar celestial el monte y prado,
salgo de mi cabaña,
riberas de este río,
a dar el nuevo pasto a mi ganado,
y cuando el sol dorado
muestra sus fuerzas graves,
al sueño el pecho inclino
debajo un sauce o pino,
oyendo el son de las parleras aves
o ya gozando el aura
donde el perdido aliento se restaura.

Cuando la noche oscura
con su estrellado manto
el claro día en su tiniebla encierra,
y suena en la espesura
el tenebroso canto
de los nocturnos hijos de la tierra,
al pie de aquesta sierra
con rústicas palabras
mi ganadillo cuento
y el corazón contento
del gobierno de ovejas y de cabras,
la temerosa cuenta
del cuidadoso rey me representa.

Aquí la verde pera
con la manzana fermosa,
de gualda y roja sangre matizada,
y de color rosa
la cermeña olorosa
tengo, y la endrina de color morada;
aquí de la enramada
parra que el olmo enlaza,
melosas uvas cojo;
y en cantidad recojo,
al tiempo que las ramas desenlaza
el caluroso estío,
membrillos que coronan este río.

No me da descontento
el hábito costoso
que de lascivo el pecho noble infama;
es mi dulce sustento
del campo generoso
estas silvestres frutas que derrama;
mi regalada cama,
de blanda pieles y hojas,
que algún rey la envidiara,
y de ti, fuente clara,
que, bullendo, el arena y agua arrojas,
estos cristales puros,
sustentos pobres, pero bien seguros.

Estése el cortesano
procurando a su gusto
la blanda cama y el mejor sustento;
bese la ingrata mano
del poderoso injusto,
formando torres de esperanza al viento;
viva y muera sediento
por el honroso oficio,
y goce yo del suelo,
al aire, al sol y al hielo,
ocupado en mi rústico ejercicio;
que más vale pobreza
en paz que en guerra mísera riqueza.

Ni temo al poderoso
ni al rico lisonjero,
ni soy camaleón del que gobierna,
ni me tiene envidioso
la ambición y el deseo
de ajena gloria ni de fama eterna;
carne sabrosa y tierna,
vino aromatizado,
pan blanco de aquel día,
en prado, en fuente fría,
halla un pastor con hambre fatigado,
que el grande y el pequeño
somos iguales lo que dura el sueño.

o también, la siguiente:


POBRE BARQUILLA MÍA

¡Pobre barquilla mía,
entre peñascos rota,
sin velas desvela,
y entre las olas sola!​


Vemos en esta primera estrofa, como un intento de realizar un poema con eco, idea que más adelante abandona, sólo conservando las asonancias en versos pares.


¿Adónde vas perdida?
¿Adónde, di, te engolfas?
Que no hay deseos cuerdos
con esperanzas locas.

Como las altas naves,
te apartas animosa
de la vecina tierra,
y al fiero mar te arrojas.

Igual en las fortunas,
mayor en las congojas,
pequeña en la defensas,
incitas a las ondas.

Advierte que te llevan
a dar entre las rocas
de la soberbia envidia,
naufragio de las honras.

Cuando por las riberas
andabas costa a costa,
nunca del mar temiste
las iras procelosas.

Segura navegabas,
que por la tierra propia
nunca el peligro es mucho
adonde el agua es poca.

Verdad es que en la patria
no es la virtud dichosa,
ni se estima la perla
hasta dejar la concha.

Dirás que muchas barcas
con el favor en popa,
saliendo desdichadas,
volvieron venturosas.

No mires los ejemplos
de las que van y tornan,
que a muchas ha perdido
la dicha de las otras.

Para los altos mares
no llevas, cautelosa,
ni velas de mentiras,
ni remos de lisonjas.

¿Quién te engañó, barquilla?
Vuelve, vuelve la proa:
que presumir de nave
fortunas ocasiona.

¿Qué jarcias te entretejen?
¿Qué ricas banderolas
azote son del viento
y de las aguas sombra?

¿en qué gavia descubres,
del árbol alta copa,
la tierra en perspectiva,
del mar incultas orlas?

¿En qué celajes fundas
que es bien echar la sonda,
cuando, perdido el rumbo,
erraste la derrota?

Si te sepulta arena,
¿qué sirve fama heroica?
Que nunca desdichados
sus pensamientos logran.

¿Qué importa que te ciñan
ramas verdes o rojas,
que en selvas de corales
salados césped brota?

Laureles de la orilla
solamente coronan
navíos de alto bordo
que jarcias de oro adornan.

No quieras que yo sea,
por tu soberbia pompa,
Faetonte de barqueros
que los laureles lloran.

Pasaron ya los tiempos
cuando, lamiendo rosas,
el céfiro bullía
y suspiraba aromas.

Ya fieros huracanes
tan arrogantes soplan
que, salpicando estrellas,
del sol la frente mojan.

Ya los valientes rayos
de la vulcana forja,
en vez de torres altas,
abrasan pobres chozas.

Contenta con tus redes,
a la playa arenosa
mojado me sacabas;
pero vivo,¿qué importa?

Cuando de rojo nácar
se afeitaba la aurora,
más peces te llenaban
que ella lloraba aljófar.

Al bello sol que adoro
enjuta ya la ropa,
nos daba una cabaña
la cama de sus hojas.

Esposo me llamaba,
yo la llamaba esposa,
parándose de envidia
la celestial antorcha.

Sin pleito, sin disgusto,
la muerte nos divorcia;
¡ay de la pobre barca
que en lágrima se ahoga!

Quedad sobre la arena,
inútiles escotas,
que no ha menester velas
quien a su bien torna.

Si con eternas plantas
las fijas luces doras,
¡oh dueño de mi barca!,
y en dulce paz reposas.

Merezca que le pidas
al bien que eterno gozas
que adonde estás me lleve,
más pura y más hermosa.

Mi honesto amor te obligue,
que no es digna victoria
para quejas humanas
ser las deidades sordas.

Mas, ¡ay!, que no me escuchas.
pero la vida es corta:
viviendo, todo falta;
muriendo, todo sobra.​


Romances como el de:


A MIS SOLEDADES VOY

A mis soledades voy,
de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos.

¡No sé qué tiene la aldea
donde vivo y donde muero,
que con venir de mí mismo
no puedo venir más lejos!

Ni estoy bien ni mal conmigo;
mas dice mi entendimiento
que un hombre que todo es alma
está cautivo en su cuerpo.

Entiendo lo que me basta,
y solamente no entiendo
cómo se sufre a sí mismo
un ignorante soberbio.

De cuantas cosas me cansan,
fácilmente me defiendo;
pero no puedo guardarme
de los peligros de un necio.

El dirá que yo lo soy,
pero con falso argumento,
que humildad y necedad
no caben en un sujeto.

La diferencia conozco,
porque en él y en mí contemplo,
su locura en su arrogancia,
mi humildad en su desprecio.

O sabe naturaleza
más que supo en otro tiempo,
o tantos que nacen sabios
es porque lo dicen ellos.

Sólo sé que no sé nada,
dijo un filósofo, haciendo
la cuenta con su humildad,
adonde lo más es menos.

No me precio de entendido,
de desdichado me precio,
que los que no son dichosos,
¿cómo pueden ser discretos?

No puede durar el mundo,
porque dicen, y lo creo,
que suena a vidrio quebrado
y que ha de romperse presto.

Señales son del jüicio
ver que todos le perdemos,
unos por carta de más
otros por cartas de menos.

Dijeron que antiguamente
se fue la verdad al cielo;
tal la pusieron los hombres
que desde entonces no ha vuelto.

En dos edades vivimos
los propios y los ajenos:
la de plata los extraños
y la de cobre los nuestros.

¿A quién no dará cuidado,
si es español verdadero,
ver los hombres a lo antiguo
y el valor a lo moderno?

Dijo Dios que comería
su pan el hombre primero
con el sudor de su cara
por quebrar su mandamiento,

y algunos inobedientes
a la vergüenza y al miedo,
con las prendas de su honor
han trocado los efectos.

Virtud y filosofía
peregrina como ciegos;
el uno se lleva al otro,
llorando van y pidiendo.

Dos polos tiene la tierra,
universal movimiento;
la mejor vida el favor,
la mejor sangre el dinero.

Oigo tañer las campanas,
y no me espanto, aunque puedo,
que en lugar de tantas cruces
haya tantos hombres muertos.

Mirando estoy los sepulcros
cuyos mármoles eternos
están diciendo sin lengua
que no lo fueron sus dueños.

¡Oh, bien haya quien los hizo,
porque solamente en ellos
de los poderosos grandes
se vengaron los pequeños!

Fea pintan a la envidia,
yo confieso que la tengo
de unos hombres que no saben
quién vive pared en medio.

Sin libros y sin papeles,
sin tratos, cuentas ni cuentos,
cuando quieren escribir
piden prestado el tintero.

Sin ser pobres ni ser ricos,
tienen chimenea y huerto;
no los despiertan cuidados,
ni pretensiones, ni pleitos.

Ni murmuraron del grande,
ni ofendieron al pequeño;
nunca, como yo, afirmaron
parabién, ni pascua dieron.

Con esta envidia que digo
y lo que paso en silencio,
a mis soledades voy,
de mis soledades vengo.​


y Hortelano era Belardo…:

Hortelano era Belardo

Hortelano era Belardo
de las huertas de Valencia,
que los trabajos obligan
a lo que el hombre no piensa.

Pasado el hebrero loco,
flores para mayo siembra,
que quiere que su esperanza
dé fruto a la primavera.

El trébol para las niñas
pone al lado de la huerta,
porque la fruta de amor
de las tres hojas aprenda.

Albahacas amarillas,
a partes verdes y secas,
trasplanta para casadas
que pasan ya de los treinta;

y para las viudas pone
muchos lirios y verbena,
porque lo verde del alma
encubre la saya negra.

Torongil para muchachas
de aquellas que ya comienzan
a deletrear mentiras,
que hay poca verdad en ellas.

El apio a las opiladas,
y a las preñadas almendras;
para melindrosas cardos
y ortigas para las viejas.

Lechugas para briosas
que cuando llueve se queman,
mastuerzo para las frías,
y ajenjos para las feas.

De los vestidos que un tiempo
trujo en la Corte, de seda,
ha hecho para las aves
un espantajo de higuera.

Las lechuguillazas grandes,
almidonadas y tiesas,
y el sombrero boleado
que adorna cuello y cabeza;

y sobre un jubón de raso
la más guarnecida cuera,
sin olvidarse las calzas
españolas y tudescas.

Andando regando un día,
vióle en medio de la higuera
y riéndole de velle,
le dice desta manera:

“¡Oh ricos despojos
de mi edad primera
y trofeos vivos
de esperanzas muertas!

¡Qué bien parecéis
de dentro y de fuera,
sobre que habéis dado
fin a mi tragedia!

¡Galas y penachos
de mi soldadesca,
un tiempo colores
y agora tristeza!

Un día de Pascua
os llevé a mi aldea,
por galas costosas,
invenciones nuevas.

Desde su balcón
me vio una doncella,
con el pecho blanco
y la ceja negra.

Dejóse burlar,
caséme con ella,
que es bien que se paguen
tan honrosas deudas.

Supo mi delito
aquella morena
que reinaba en Troya
cuando fue mi reina.

Hizo de mis cosas
una grande hoguera,
tomando venganza
en plumas y letras”​


Sonetos como “Suelta mi manso mayoral extraño”, en queja por el amor que lo abandonó por un noble.


Soneto


Suelta mi manso, mayoral extraño,
pues otro tienes de tu igual decoro;
deja la prenda que en el alma adoro,
perdida por tu bien y por mi daño.

Ponle su esquila de labrado estaño
y no le engañen tus collares de oro;
toma en albricias este blanco toro
que a las primeras yerbas cumple un año.

Si pides señas, tiene el vellocino
pardo, encrespado, y los ojuelos tiene
como durmiendo en regalado sueño.

Si piensas que no soy su dueño, Alcino,
suelta y verásle si a mi choza viene,
que aun tienen sal las manos de su dueño.


O aquel:

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno escuras?

¡Oh. cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía:
"Alma, asómate agora a la ventana;
verás con cuánto amor llamar porfía!"

¡Y cuántas, hermosura soberana,
"Mañana le abriremos", respondía,
para lo mismo responder mañana!

O este de amarga ironía:


Es la mujer del hombre lo más bueno,
y locura decir que lo más malo,
su vida suele ser y su regalo,
su muerte suele ser y su veneno.

Cielo a los ojos, cándido y sereno,
que muchas veces al infierno igualo,
por raro al mundo su valor señalo,
por falso al hombre su rigor condeno.

Ella nos da su sangre, ella nos cría,
no ha hecho el cielo cosa más ingrata:
es un ángel, y a veces una arpía.

Quiere, aborrece, trata bien, maltrata,
y es la mujer al fin como sangría,
que a veces da salud, y a veces mata.


Pastor que con tus silbos amorosos:

Pastor que con tus silbos amorosos
me despertaste del profundo sueño;
tú, que hiciste cayado dese leño
en que tiendes los brazos poderosos,

vuelve los ojos a mi fe piadosos,
pues te confieso por mi amor y dueño,
y la palabra de seguirte empeño
tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Oye, Pastor que por amores mueres,
no te espante el rigor de mis pecados,
pues tan amigo de rendidos eres;

espera, pues, y escucha mis cuidados.
Pero, ¿cómo te digo que me esperes,
si estás para esperar los pies clavados?


Cuelga sangriento de la cama al suelo:

Cuelga sangriento de la cama al suelo
el hombro diestro del feroz tirano,
que opuesto al muro de Betulia en vano,
despidió contra sí rayos al cielo.

Revuelto con el ansia el rojo velo
del pabellón a la siniestra mano,
descubre el espectáculo inhumano
del tronco horrible, convertido en hielo.

Vertido Baco, el fuerte arnés afea
los vasos y la mesa derribada,
duermen las guardas, que tan mal emplea;

y sobre la muralla coronada
del pueblo de Israel, la casta hebrea
con la cabeza resplandece armada.


Cuando en mis manos, Rey eterno, os miro:

Cuando en mis manos, Rey eterno, os miro
y la cándida víctima levanto,
de mi atrevida indignidad me espanto
y la piedad de vuestro pecho admiro.

Tal vez el alma con temor retiro,
tal vez la doy al amoroso llanto,
que arrepentido de ofenderos tanto
con ansias temo y con dolor suspiro.

Volved los ojos a mirarme humanos,
que por las sendas de mi error siniestras
me despeñaron pensamientos vanos;

no sean tantas las miserias nuestras
que a quien os tuvo en sus indignas manos
Vos le dejéis de las divinas vuestras.

Otro soneto:

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.


Angélica, cuyas dos primeras octavas son las que siguen:

“Bellas armas de amor, estrellas puras,
divino resplandor de mi sentido,
que por mis versos viviréis seguras
que vuestra clara luz sepulte olvido;
puesto que estéis por larga ausencia escuras,
que blandamente me miréis os pido,
para que el sol, como en cristal pequeño,
me abrase el alma de quien fuisteis dueño.

Que en el ardiente aquel humilde ingenio
que os consagré desde mis tiernos años,
y siendo voz mi luz, Euterpe y Genio,
causa fatal de mis dichosos daños;
sin otro aliento ni favor Cilenio,
otra Daphnes laurel, propios y extraños
oirán cantar en disfrazado velo
la hermosura mayor que ha visto el suelo.”

y sobre todo éste, delicioso, dedicado al pajarillo de Lucinda que tanto recuerda algunos poemas de Cátulo:

Daba sustento a un pajarillo un día
Lucinda, y por los hierros del portillo
fuésele de la jaula el pajarillo
al libre viento en que vivir solía.

Con un suspiro a la ocasión tardía
tendió la mano, y no pudiendo asillo,
dijo (y de las mejillas amarillo
volvió el clavel, que entre su nieve ardía):
-¿Adónde vas, por despreciar el nido,
al peligro de ligas y de balas,
y el dueño huyes, que tu pico adora?

Oyóla el pajarillo enternecido,
y a la antigua prisión volvió las alas;
que tanto puede uan mujer que llora.

Fue contemporáneo de Cervantes, a quien remedó en sus ovillejos, haciendo éste poema en una de sus obras, llamada “Ilustre fregona”, cuyo título tomó igualmente de una de las Novelas de Cervantes. Esto no se sabe si fue un homenaje o un intento de hacer una parodia o imitación burlesca de lo de Cervantes.

¿Quién da la muerte a Avendaño??
Un engaño.
Y ¿quién trueca en mal mi bien?
Un desdén.
¿Quién da vida a mis recelos?
Los celos.
Siendo así quieren los cielos
que muera desconfiado,
Pues contra mí se han juntado
engaño, desdén y celos. (Lope de Vega)

Que recuerdan los siguientes versos del texto del Quijote:

¿Quién menoscaba mis bienes?
Desdenes.
¿Y quién aumenta mis duelos?
Los celos.
¿Y quién prueba mi paciencia?
Ausencia.
De ese modo en mi dolencia
Ningún remedio se alcanza.
Pues me matan la esperanza,
Desdenes, celos y ausencia. Cervantes)


¿Quién me causa este dolor?
Amor.
¿Y quién mi gloria repugna?
Fortuna.
¿Y quién consiente mi duelo?
El cielo.
De ese modo yo recelo
Morir deste mal extraño,
Pues se aúnan en mi daño
Amor fortuna y el cielo.

¿Quién mejorará mi suerte?
La muerte.
Y el bien de amor ¿quién le alcanza?
Mudanza.
Y sus males ¿quién los cura?
Locura.
De ese modo no es cordura
Querer curar la pasión,
Cuando los remedios son:
Muerte, mudanza y locura. (Cervantes)

Hubo cierta rivalidad entre estos dos grandes; Cervantes en su famoso prólogo del Quijote, envía una andanada (presuntamente ) a Lope, criticando sus “librotes”, pero lo admiraba, como dijo en varias oportunidades: Prólogo de sus comedias (1615): “…del reinado casi exclusivo de Lope sobre la escena española, compartido principalmente con el Dr. Ramón”, “cuyos trabajos (dice) fueron los más después de los del gran Lope”; Dijo Quevedo: “…que me acuerdo yo antes que si no eran comedias del buen Lope de Vega y Ramón (otro conocido comediante), no había otra cosa…”

Y si me preguntaran a mí, qué distinguía al estilo de Lope de Vega, diría que más que un estilo determinado, lo que lo distinguió fue su enorme preoducción e inspiración interminable, con hallazgos de ingenio cada tanto y una corrección estructural en toda su obra, la que fue muy dispersa y distinta, cubriendo todo el espectro de las posibilidades poéticas.
Su calidad más que la de un gran genio, fue la de un correctísimo escritor, que logró muchas páginas memorables, sin el vuelo en el uso del lenguaje que distinguió a Quevedo o a Góngora, pero sí dejó su huella en la literatura universal, como el más prolífico de los escritores y el más inspirado comediante.

Muchas gracias por su atención;
edelabarra.
 

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Última edición por un moderador:
¡Que barbaridad! Cuantísimo trabajo implica recopilar y dar a conocer los clásicos del siglo de oro castellano.
¡Y cuanto no sabemos de ellos! Un buen repaso a estos poemas permite darnos cuenta de que todo lo que escribimos ya fue escrito, al menos podré decir que al no conocer de antes estos sonetos na ha habido plagio alguno aunque pueda haber parecidos en algunas de mis composiciones...:::banana:::

Se agradece, amigo Eduardo, tu dedicación en informarnos y enseñarnos.

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¡Que barbaridad! Cuantísimo trabajo implica recopilar y dar a conocer los clásicos del siglo de oro castellano.
¡Y cuanto no sabemos de ellos! Un buen repaso a estos poemas permite darnos cuenta de que todo lo que escribimos ya fue escrito, al menos podré decir que al no conocer de antes estos sonetos na ha habido plagio alguno aunque pueda haber parecidos en algunas de mis composiciones...:::banana:::

Se agradece, amigo Eduardo, tu dedicación en informarnos y enseñarnos.


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Gracias a ti, estimado Maramín, por acercarte con tu atento comentario;
es cierto lo que dices, no alcanzaría una vida para un estudio exahustivo de estos temas,
sólo trato de dar un pantallazo y un par de opiniones;
ten en cuenta que Lope hizo según su biógrafo, 1800 comedias,
y aquí no he puesto ninguna...
Un abrazo,
Eduardo.
 

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