Armador de Sonetos
Poeta que considera el portal su segunda casa
417. No cabe duda
La tarde en arrebol es un portento;
la noche, con un manto tachonado
de luz de los cocuyos, ha sellado
con cándido perfume su ornamento.
Las nubes son arreadas por el viento,
la luna, con su brillo macerado
y el grillo, con su canto serenado
exaltan el latir del sentimiento.
Sentada junto a mí, con su mirada
y el dulce de su boca, me aniquila;
el lustre de su piel ruborizada
y el timbre en que musita, me obnubila.
Al cielo retribuyo su llegada:
belleza que no cabe en mi pupila.
El Armador de Sonetos