chc
Christian
De pronto uno se da cuenta
que está lejos.
No es la lejanía sentimental
esa escurridiza felicidad
que se anuda en la garganta
sino
esa kilométrica
que a duras penas se achica
o fácilmente se ensancha
según el ánimo del día.
La realidad es una boca ausente
sin longitud ni latitud
y yo quisiera encontrarte
en alguna remota infancia
donde todo está pendiente.
Pero
de pronto uno se da cuenta
que el misterioso confín de la distancia
está condenadamente cerca,
y quizá por esto
tengas que saber que
esta cantidad de árboles
y semáforos, de casas,
campos y nubes,
trenes o restaurantes
que entre nosotros respiran
es apenas un renglón
del dócil dictamen que nos une;
que
esta sarta de tristezas
y alegrías, de amores,
abandonos, faltas de ortografía
y rimas aburridas
o diccionarios
es tan sólo media tarde
que hace menos notoria
mi década de ventaja;
y
de pronto uno se da cuenta
-por suerte-
que esta estrafalaria distancia
-kilométrica-
que convierte
nuestras simpáticas hipótesis
en implacables reveses,
no se escurre, felizmente,
ni se anuda en la garganta.
Y quizá por esto
tengas que saber
que yo conozco
pero además reconozco
los kilómetros absurdos,
pero también sé
de esa suerte de ternura
que ida y vuelta los recorre.
que está lejos.
No es la lejanía sentimental
esa escurridiza felicidad
que se anuda en la garganta
sino
esa kilométrica
que a duras penas se achica
o fácilmente se ensancha
según el ánimo del día.
La realidad es una boca ausente
sin longitud ni latitud
y yo quisiera encontrarte
en alguna remota infancia
donde todo está pendiente.
Pero
de pronto uno se da cuenta
que el misterioso confín de la distancia
está condenadamente cerca,
y quizá por esto
tengas que saber que
esta cantidad de árboles
y semáforos, de casas,
campos y nubes,
trenes o restaurantes
que entre nosotros respiran
es apenas un renglón
del dócil dictamen que nos une;
que
esta sarta de tristezas
y alegrías, de amores,
abandonos, faltas de ortografía
y rimas aburridas
o diccionarios
es tan sólo media tarde
que hace menos notoria
mi década de ventaja;
y
de pronto uno se da cuenta
-por suerte-
que esta estrafalaria distancia
-kilométrica-
que convierte
nuestras simpáticas hipótesis
en implacables reveses,
no se escurre, felizmente,
ni se anuda en la garganta.
Y quizá por esto
tengas que saber
que yo conozco
pero además reconozco
los kilómetros absurdos,
pero también sé
de esa suerte de ternura
que ida y vuelta los recorre.