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abcd

Poeta adicto al portal
Alguna vez me pensé como un pájaro inmóvil,
luego caminaba y olvidaba que también respiraba bajo el agua.
Alguna vez fui una piedra lanzada por el sol
mientras el armisticio luna y tierra se intuía.

De un otoño amarillo pinté mil bosques,
con una absurda melancolía le puse cadenas a los árboles
y a las flores del bien les escribí versos baudelerianos,
pretendía ser ajeno al abandono y me reprimía,
me reprimía tanto.

La más triste locura fue una nube transparentándome,
como un relámpago hambriento soñé y me deje derrotar.
Tuve un niño muerto entre los dedos
y solo un pañuelo como sombra.

He deseado tanto que el tiempo se detenga,
respirar profundo,
sentir que no tengo necesidad de gritar.
Sin embargo, sigo escribiendo,
con o sin resaca, con o sin melodiosa alegría,
con o sin un alguien a quien agredir, querer, esperar.
 
:cool: el tiempo, es un hermoso animal de infinita paciencia que nos espera a todos. Si, a todos, dijo el tiempo, y prendió su último cigarrillo, sus ojos ya tenían el color de las nubes bien cargaditas de agua cuando subió al tren inmóvil, , voy tarde, pensó, otra vez tarde, tenia un asiento solo para él, con dedos agiles giro la pequeña pirinola que da cuerda al reloj de su muñeca que inmediatamente empezó a gritar que ya eran las cuatro de la tarde, dejo ir su mirada, que en ese momento era completamente gris, a través de la ventana sucia de huellas dactilares y el mundo comenzó a girar nuevamente, con su gentes, sus autos y sus pájaros. Y el tren rojo de la calle Belgrano siguió su camino planeado como debe de ser hacia Godoy Cruz o algo así sin que absolutamente nadie notara nada de nada. En ese preciso primer segundo por fin la lluvia tocó el suelo.
 
Última edición:
Alguna vez me pensé como un pájaro inmóvil,
luego caminaba y olvidaba que también respiraba bajo el agua.
Alguna vez fui una piedra lanzada por el sol
mientras el armisticio luna y tierra se intuía.

De un otoño amarillo pinté mil bosques,
con una absurda melancolía le puse cadenas a los árboles
y a las flores del bien les escribí versos baudelerianos,
pretendía ser ajeno al abandono y me reprimía,
me reprimía tanto.

La más triste locura fue una nube transparentándome,
como un relámpago hambriento soñé y me deje derrotar.
Tuve un niño muerto entre los dedos
y solo un pañuelo como sombra.

He deseado tanto que el tiempo se detenga,
respirar profundo,
sentir que no tengo necesidad de gritar.
Sin embargo, sigo escribiendo,
con o sin resaca, con o sin melodiosa alegría,
con o sin un alguien a quien agredir, querer, esperar.
Cada ensoñacion como perdida pues el tiempo la agrede, el sabe esperar para
que las dúctiles sombras se extravíen en una soledad sentida como derrota.
me ha gustado mucho. saludos amables de luzyabsenta
 
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