Heart
Poeta que considera el portal su segunda casa
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El día que la esperada muerte me recoja
no quiero que derrames una lágrima,
en vida hay que regalar una rosa roja,
no en lápida fría concomida.
En vida hay que decir te amo hasta saciarse,
perdonar los frutos de amargos sabores,
no sobre el lamento del olor podrido acordarse,
sobre las piedras desgastadas añorar ardores.
El día que yo muera no quiero oír un quebranto,
que mi carne lozana, cuando esté corrompida,
no necesita el calor que ahora tanto está deseando,
mis labios que te niegas a besarlos al fin estarán sellados sin vida.
Cuando la señora muerte me meta en su alcoba,
sustituirá tus caricias y seré su verdadera novia,
la novia de la nada la nada del olvido que ahora roba,
descansará mi alma bajo la tierra sin el olor que tanto deseo ahora.
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El día que la esperada muerte me recoja
no quiero que derrames una lágrima,
en vida hay que regalar una rosa roja,
no en lápida fría concomida.
En vida hay que decir te amo hasta saciarse,
perdonar los frutos de amargos sabores,
no sobre el lamento del olor podrido acordarse,
sobre las piedras desgastadas añorar ardores.
El día que yo muera no quiero oír un quebranto,
que mi carne lozana, cuando esté corrompida,
no necesita el calor que ahora tanto está deseando,
mis labios que te niegas a besarlos al fin estarán sellados sin vida.
Cuando la señora muerte me meta en su alcoba,
sustituirá tus caricias y seré su verdadera novia,
la novia de la nada la nada del olvido que ahora roba,
descansará mi alma bajo la tierra sin el olor que tanto deseo ahora.
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