pablo7972
Poeta que considera el portal su segunda casa
- ¿Pero tú sabes lo qué me estás pidiendo? Eres mi amigo... ¡Por Dios Santo! - El doctor Contreras prácticamente titubeó a escaso margen de las lágrimas que ya no tenía.
- Tienes que hacerlo, si eres mi amigo, si me deseas aunque sólo fuera la milésima parte de la felicidad que ya no tengo, ¡tienes que hacerlo! - Respondí yo, vacilantes mis ojos casi dormidos por el vaivén del delirio.
- Yo jamás os aconsejé... eso de Alcor, ¡JAMÁS! ¿Me oyes? Tú estás completamente sano - arguyó mientras una gruesa lágrima se entumecía y ahondaba rápidamente su bigote gris bien perfilado - ¡Por Dios, Ángel, no tienes nada malo! No puedo firmar eso. ¡Vete por favor, vete ahora de mi consulta...!
Y su voz se quebró.
La nebulosa gris de mis pulmones tan solo era algo benigno. Una operación simple. Y volver a empezar. Pero mi esposa seguía enchufada a la eternidad en Alcor.
Fue ésa la noche en que subí al desmantelado poblado de Penamoa.
- Tienes que hacerlo, si eres mi amigo, si me deseas aunque sólo fuera la milésima parte de la felicidad que ya no tengo, ¡tienes que hacerlo! - Respondí yo, vacilantes mis ojos casi dormidos por el vaivén del delirio.
- Yo jamás os aconsejé... eso de Alcor, ¡JAMÁS! ¿Me oyes? Tú estás completamente sano - arguyó mientras una gruesa lágrima se entumecía y ahondaba rápidamente su bigote gris bien perfilado - ¡Por Dios, Ángel, no tienes nada malo! No puedo firmar eso. ¡Vete por favor, vete ahora de mi consulta...!
Y su voz se quebró.
La nebulosa gris de mis pulmones tan solo era algo benigno. Una operación simple. Y volver a empezar. Pero mi esposa seguía enchufada a la eternidad en Alcor.
Fue ésa la noche en que subí al desmantelado poblado de Penamoa.
Última edición: