Margarita Csanady
Poeta asiduo al portal
Mientras el aire se aclara,
vayamos a curiosear por la cubierta
donde se adormecen los guardias.
Tu música. Yo silencio.
La noche siempre cómplice sobre los rostros ocultos
bajo un manto de manos multiplicadas.
Mientras el viento fresco se contonea,
vayamos a caminar por los pasillos,
imaginándonos que andamos sobre las olas,
donde los últimos lunáticos cuentan las horas.
Tú silencio. Yo brazos desarmados en tu cuerpo.
A bordo de un barco, bola blanca,
como una luna nueva de nuevos sueños.
Divisar los precipios exaltados y atentos
en la orilla. Saltar sobre el agua tibia y salpicar las piernas.
A bordo de un barco. Sin destinos.
Sin líneas limítrofes.
Todo así, oblicuo, redondo
como el perfil de los sentidos
donde el amor
se gana y
se pierde.
vayamos a curiosear por la cubierta
donde se adormecen los guardias.
Tu música. Yo silencio.
La noche siempre cómplice sobre los rostros ocultos
bajo un manto de manos multiplicadas.
Mientras el viento fresco se contonea,
vayamos a caminar por los pasillos,
imaginándonos que andamos sobre las olas,
donde los últimos lunáticos cuentan las horas.
Tú silencio. Yo brazos desarmados en tu cuerpo.
A bordo de un barco, bola blanca,
como una luna nueva de nuevos sueños.
Divisar los precipios exaltados y atentos
en la orilla. Saltar sobre el agua tibia y salpicar las piernas.
A bordo de un barco. Sin destinos.
Sin líneas limítrofes.
Todo así, oblicuo, redondo
como el perfil de los sentidos
donde el amor
se gana y
se pierde.