Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Tus ojos se cierran. Aún puedes sentir la lentitud del autobús escolar, el calor mordiéndote detrás de las orejas y el ruido de tus compañeritos que se diluye en el sopor.
Un instante después despiertas y el lugar está vacío. Tampoco hay nadie en las calles que no reconoces. Todo se queda atrás a una velocidad vertiginosa y la punzada instintiva que reconoce el peligro te hace saltar del asiento.
Corres por el pasillo que se alarga delante de tus pasos. El conductor no está detrás del volante y solo hasta entonces notas el movimiento ondulatorio del vehículo. Gritas, llamas a tu madre. Quieres saltar de ahí pero la puerta ha desaparecido. Ahora todo gira y se revuelve en torno a esa violenta sucesión de ventanas idénticas, y tú…
Miras borrosamente al desconocido que te toca el hombro: Señor, hasta aquí llegamos. ¿Necesita que le ayude a bajar?
Un instante después despiertas y el lugar está vacío. Tampoco hay nadie en las calles que no reconoces. Todo se queda atrás a una velocidad vertiginosa y la punzada instintiva que reconoce el peligro te hace saltar del asiento.
Corres por el pasillo que se alarga delante de tus pasos. El conductor no está detrás del volante y solo hasta entonces notas el movimiento ondulatorio del vehículo. Gritas, llamas a tu madre. Quieres saltar de ahí pero la puerta ha desaparecido. Ahora todo gira y se revuelve en torno a esa violenta sucesión de ventanas idénticas, y tú…
Miras borrosamente al desconocido que te toca el hombro: Señor, hasta aquí llegamos. ¿Necesita que le ayude a bajar?