A cada padre, a cada hijo.

El Poeta del Asfalto

Poeta adicto al portal
Te recuerdo con tus manos agrietadas y negras
como la chimenea de una casa sin veranos ni feriados.
Que regala calor a cambio de casi nada,
y manda señales de humo a un cielo transparente que no contesta.
Simplemente pasar lo deja hasta perderse,
sin respuesta.

Agregale otro leño más al fuego y no llores.
Abre la ventana para que salga el humo que en la habitación se ha embolsado.
No pidas piedad para el que ha vivido,
que eso es menospreciar.
Sólo recuerda e intenta no repetir los errores

Ábrele también la puerta al padre que viene tocando timbres.
Vendiendo broches, pañuelos, bolsas de residuos o medias.
Y comprale algo si te sobra una moneda.
No esperes que todo lo haga el gobierno.
Que la bondad, es un bumerang.

Dale.
Que habrá un padre que volverá a casa con el pecho henchido de orgullo y unos pesos.
Que habrá un hijo que te ayudará a cruzar la calle,
cuando ya estés cansado y viejo.
Pues crecerá entre el cemento agradecido,
entre tanto hambre de revancha...

El Poeta del Asfalto
(A todos esos padres de los que los hijos no vemos sus señales de humo.
Y para todos los que saben vivir,
y dejar vivir.)
 

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