José Mª Lafuente Barros
Poeta recién llegado
Tengo en mi casa un amigo
un hermano argentino
sus manos castigadas
de tanto trabajar
está reparando mi casa
aquella que es mi hogar
tiene cincuenta años
y pocos pelos que peinar
un precioso hijo de once años
por la maligna homofília
en algodones tiene que estar
al futbol no puede jugar
de Argentina se han venido
tan lejos de su pampa
buscando su hogar
su padre ojos negros
de tanto llorar
en ellos hay esperanza
con luz, luz de confianza
también muchas heridas
éstas sin cicatrizar
su mujer muy acendosa
espera confiada
cree en su marido
creer en Dios es su esperanza
Dicen en su interior
¿Porqué a mi Señor
porqué a mi Señor?
agradecidos cada día
bendicen los alimentos
aliviados de estar vivos
sonrien al despertar
no saben si volverán
el banco no les da
ni un peso, ni un real
enfrascados en el trabajo
saben que su Dios es leal
cada día es un reto
cada momento un reflejo
viven de alquiler
lo que era un antigüo garaje
en la entrada cortinas de encaje
sus corazones de lujo amueblados
sencillos como palomas
cómo cervatillos dóciles arrumados
en la adoración a Dios
lloran cómo bambinos
¿Quién dice que Dios no existe?
¡Sus santos aquí presentes!
con tanta emoción
ahorran cada montón
para comprarse su ranchito
en su tierra natal
¡Chorisitos criollos, carnita a la brasa!
Cómo en Argentina
no se puede comparar
Aquí llorando está
por volver a su pampa...
Allí angustiado está
por no hallar esperanza...
¡¡Dios de la argentina
Dios de la esperanza!!
Haz que puedan volver
no muy tarde
y sin tardanza...
un hermano argentino
sus manos castigadas
de tanto trabajar
está reparando mi casa
aquella que es mi hogar
tiene cincuenta años
y pocos pelos que peinar
un precioso hijo de once años
por la maligna homofília
en algodones tiene que estar
al futbol no puede jugar
de Argentina se han venido
tan lejos de su pampa
buscando su hogar
su padre ojos negros
de tanto llorar
en ellos hay esperanza
con luz, luz de confianza
también muchas heridas
éstas sin cicatrizar
su mujer muy acendosa
espera confiada
cree en su marido
creer en Dios es su esperanza
Dicen en su interior
¿Porqué a mi Señor
porqué a mi Señor?
agradecidos cada día
bendicen los alimentos
aliviados de estar vivos
sonrien al despertar
no saben si volverán
el banco no les da
ni un peso, ni un real
enfrascados en el trabajo
saben que su Dios es leal
cada día es un reto
cada momento un reflejo
viven de alquiler
lo que era un antigüo garaje
en la entrada cortinas de encaje
sus corazones de lujo amueblados
sencillos como palomas
cómo cervatillos dóciles arrumados
en la adoración a Dios
lloran cómo bambinos
¿Quién dice que Dios no existe?
¡Sus santos aquí presentes!
con tanta emoción
ahorran cada montón
para comprarse su ranchito
en su tierra natal
¡Chorisitos criollos, carnita a la brasa!
Cómo en Argentina
no se puede comparar
Aquí llorando está
por volver a su pampa...
Allí angustiado está
por no hallar esperanza...
¡¡Dios de la argentina
Dios de la esperanza!!
Haz que puedan volver
no muy tarde
y sin tardanza...