Nommo
Poeta veterano en el portal
Te querrían convertir en catedral impresionante,
de una ciudad antigua, en la vieja Europa.
Pero yo pospongo tu magia.
Me gusta que sigas fiel a tu pobre y modesto estilo.
Sin embargo, tus bailes sí consiguen hacer que me sienta cándido.
Te veo movilizando tus energías afrodisíacas,
y observo la agilidad con la que emerges de las aguas oceánicas.
Te soy franco: Pareces sumergirte nuevamente, de inmediato.
Como buscando el quinto pino, que es donde Cristo dio las tres voces.
Y en esa inflexible predisposición a la aventura, te zambulles en el río de aguas procelosas.
Con lo cuál, tus naipes se atiborran de agua dulce.
Y tu chistera se lava, impidiendo que el conejo de la suerte, obedezca a la varita.
La paloma, por supuesto, está en la plaza. Junto a las ancianas, que le dan de comer
palomitas de maíz y gusanitos del Kiosko.
Quiero decirte, muñeca, que eres dulce, como el tocino de cielo.
Pero breve, pues engordas.
Te he probado, y han aumentado mis calorías.
Mi colesterol está por las nubes.
¡ Qué osadía ! ¿ Por qué me la comería ? ¿ Quién me manda a mí, sorprenderla, de ese modo ?
Su hermana, el arroz con leche... Su madre, unas natillas con canela espolvoreada.
Soy el Todo; tú eres Nada.
Yo, azúcar moreno. Tú, la limonada.
Juntos, echamos el freno de mano, a tanta novatada.
Tanta broma pesada, como había en el recreo. Este colegio necesita algunas parejas ejemplares.
de una ciudad antigua, en la vieja Europa.
Pero yo pospongo tu magia.
Me gusta que sigas fiel a tu pobre y modesto estilo.
Sin embargo, tus bailes sí consiguen hacer que me sienta cándido.
Te veo movilizando tus energías afrodisíacas,
y observo la agilidad con la que emerges de las aguas oceánicas.
Te soy franco: Pareces sumergirte nuevamente, de inmediato.
Como buscando el quinto pino, que es donde Cristo dio las tres voces.
Y en esa inflexible predisposición a la aventura, te zambulles en el río de aguas procelosas.
Con lo cuál, tus naipes se atiborran de agua dulce.
Y tu chistera se lava, impidiendo que el conejo de la suerte, obedezca a la varita.
La paloma, por supuesto, está en la plaza. Junto a las ancianas, que le dan de comer
palomitas de maíz y gusanitos del Kiosko.
Quiero decirte, muñeca, que eres dulce, como el tocino de cielo.
Pero breve, pues engordas.
Te he probado, y han aumentado mis calorías.
Mi colesterol está por las nubes.
¡ Qué osadía ! ¿ Por qué me la comería ? ¿ Quién me manda a mí, sorprenderla, de ese modo ?
Su hermana, el arroz con leche... Su madre, unas natillas con canela espolvoreada.
Soy el Todo; tú eres Nada.
Yo, azúcar moreno. Tú, la limonada.
Juntos, echamos el freno de mano, a tanta novatada.
Tanta broma pesada, como había en el recreo. Este colegio necesita algunas parejas ejemplares.
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