Alberto Niño Martínez
Poeta adicto al portal
A-DIOS, PERDÓN
Me perdí por las alamedas de mi interior y no vi la luna que resplandecía. No sentí el amanecer ni su ligero vientecillo tibio; sólo bebí aire puro para apagar en un segundo, el soplo azul de la sinfonía de esta vida que me hizo uno; sin resto, ni otros. Nadie sabe del paseo que preparé por la vida y, aunque nada es absoluto, el tiempo hizo finita herencia de mis años y no abrigó suspiro para seguir besando-te // vida. Temprano entré en las nubes del dolor; desde el cerrito Cordillera, verde; que era como paja, ¡Sí, paja verde!, como tierna hierba muerta, fui: crecí creyendo en el discurso Nazareno, ese que la vida graba a fuego lento un “feliz día de resurrección”, como si los paseos por esta existencia acariciaran siempre coplas de vino sin ortigas, sin dolor,…Ahora tendido en la molesta maleza de rosas y frescos jardines de jazmines; te tomo de la mano ímpeto fuego y me incinero lento. Te cruzo unas pocas palabras, esas que dicta el puño de un corazón... ¿Dime qué sientes cuando en vida uno muerto se siente por su condición?, ¡Vamos habla!, dime: ¿cuánto más en vida, la divina condena se hará justa?, ¿Por qué me haces creer que migrando al soplo azul de tu melodía, me haré eterno libertario?, ¿Si nada es eterno, porqué gracia, vives en mí perpetuamente? Por ti ignoré el reloj, ignoré el frío, ignoré el tiempo, ignoré la vida y la distancia y, todo fondo inagotable de tus olivos; esos que me cruzaron hasta cegarme. Sólo dime, ¿por qué, aún, después de todo, me abriga conversar esta noche, con sentir “excesivo”, si la oración ha muerto con un a-DIOS? ¡Cuán mal todo esto me hace! Amor, me perdí por las alamedas y no vi la luna,…los bosques de pinos, el sol y todo se vistió de soledad y las cigarras infatigables aliadas de un mejor sentir, armoniosamente suenan como acordeón de bar. Nunca supiste del paseo que había preparado para ti y aunque nadie es prescindible, no puedo asesinar al pasajero que besa tu vida, aunque no sea yo.
Me perdí por las alamedas de mi interior y no vi la luna que resplandecía. No sentí el amanecer ni su ligero vientecillo tibio; sólo bebí aire puro para apagar en un segundo, el soplo azul de la sinfonía de esta vida que me hizo uno; sin resto, ni otros. Nadie sabe del paseo que preparé por la vida y, aunque nada es absoluto, el tiempo hizo finita herencia de mis años y no abrigó suspiro para seguir besando-te // vida. Temprano entré en las nubes del dolor; desde el cerrito Cordillera, verde; que era como paja, ¡Sí, paja verde!, como tierna hierba muerta, fui: crecí creyendo en el discurso Nazareno, ese que la vida graba a fuego lento un “feliz día de resurrección”, como si los paseos por esta existencia acariciaran siempre coplas de vino sin ortigas, sin dolor,…Ahora tendido en la molesta maleza de rosas y frescos jardines de jazmines; te tomo de la mano ímpeto fuego y me incinero lento. Te cruzo unas pocas palabras, esas que dicta el puño de un corazón... ¿Dime qué sientes cuando en vida uno muerto se siente por su condición?, ¡Vamos habla!, dime: ¿cuánto más en vida, la divina condena se hará justa?, ¿Por qué me haces creer que migrando al soplo azul de tu melodía, me haré eterno libertario?, ¿Si nada es eterno, porqué gracia, vives en mí perpetuamente? Por ti ignoré el reloj, ignoré el frío, ignoré el tiempo, ignoré la vida y la distancia y, todo fondo inagotable de tus olivos; esos que me cruzaron hasta cegarme. Sólo dime, ¿por qué, aún, después de todo, me abriga conversar esta noche, con sentir “excesivo”, si la oración ha muerto con un a-DIOS? ¡Cuán mal todo esto me hace! Amor, me perdí por las alamedas y no vi la luna,…los bosques de pinos, el sol y todo se vistió de soledad y las cigarras infatigables aliadas de un mejor sentir, armoniosamente suenan como acordeón de bar. Nunca supiste del paseo que había preparado para ti y aunque nadie es prescindible, no puedo asesinar al pasajero que besa tu vida, aunque no sea yo.
Última edición: