Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
A DOS PALMOS.
A dos palmos me he ido
para que besara la tierra
del revés mi boca.
En el otro lado está la hierba que se calienta
aquí la humedad que abrasa al labio
sentir agrieta profunda un solo grano.
Venció sin luchar y en pena
arrogancia se escondió el olvido
tiempo pretérito dañino presente.
Incandescente es el soplido del aire en mis oídos
verso de profeta y ni acertó nada
arcano con lápiz roto escribiendo en una piedra.
Procesión que procesa una lágrima
caída en una mesa sin cubiertos
la comerá una noche sin cometas.
Miga de pan con sabor a azufre
rebanada que pesa un finito
cuando es amasijo en la traquea.
Sin rocío es el paraíso negro
flor floreciente y sin sonrisa
quedaron los huecos entre los dedos.
Costillas con pellejo que forman timbales
a golpes secos se abrirán
las tumbas de las diosas que no son vírgenes.
Recita el búho a la noche
reprochándole un amante sin alas
lleno su pico el vacío sin lengua ni beso.
Dragón caído y de lado
hace catarata de sangre en el pensamiento
inerte monstruo que yace en estado bello.
Rogarle a la pala es baldío
que es cuerpo de palo y no alma
y no puede desenterrarme con las manos.
Juan José Marin.
A dos palmos me he ido
para que besara la tierra
del revés mi boca.
En el otro lado está la hierba que se calienta
aquí la humedad que abrasa al labio
sentir agrieta profunda un solo grano.
Venció sin luchar y en pena
arrogancia se escondió el olvido
tiempo pretérito dañino presente.
Incandescente es el soplido del aire en mis oídos
verso de profeta y ni acertó nada
arcano con lápiz roto escribiendo en una piedra.
Procesión que procesa una lágrima
caída en una mesa sin cubiertos
la comerá una noche sin cometas.
Miga de pan con sabor a azufre
rebanada que pesa un finito
cuando es amasijo en la traquea.
Aquel hombre de las sombras
ni es mi sombra ni soy yo.
Ni siquiera el dedo con que Dios
quiso oprimir a un pecho.
Demonio que recita a la frente
a hierro y silente el quejido.
Me grabo a fuego el escrito que no deja
exculpar a las penas.
ni es mi sombra ni soy yo.
Ni siquiera el dedo con que Dios
quiso oprimir a un pecho.
Demonio que recita a la frente
a hierro y silente el quejido.
Me grabo a fuego el escrito que no deja
exculpar a las penas.
Sin rocío es el paraíso negro
flor floreciente y sin sonrisa
quedaron los huecos entre los dedos.
Costillas con pellejo que forman timbales
a golpes secos se abrirán
las tumbas de las diosas que no son vírgenes.
Recita el búho a la noche
reprochándole un amante sin alas
lleno su pico el vacío sin lengua ni beso.
Dragón caído y de lado
hace catarata de sangre en el pensamiento
inerte monstruo que yace en estado bello.
Rogarle a la pala es baldío
que es cuerpo de palo y no alma
y no puede desenterrarme con las manos.
Juan José Marin.
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