Nashi Loreley
Poeta recién llegado
Se observan los cuerpos tranquilos,
descansando sobre un lado,
frente a frente los dos.
Se escapan las sonrisas de los labios
involuntariamente, seguidas de una caricia
salada por el suspiro del mar.
La mirada fija, clavada en las pupilas invisibles
que destellan silenciosas,
más de mil palabras al unísono.
Mientras, por las rendijas de la persiana mal cerrada,
se filtra la luz del día entrante que nos da la libertad
de jugar a adivinarnos los pensamientos
a través de los ojos entreabiertos que recién se despiertan
o que todavía no quieren dormir.
Un minuto más
y estalla el plan seguro de la calma aparente;
se derrumba ante nuestros propios intentos de tranquilidad,
el circo estático que creamos para controlar la inercia
del impulso dulcemente contagioso que nos invade.
Insoportable, inquieto,
un beso se anima a romper el hielo
y así comenzar con el parsimonioso ritual
de la charla silenciosa,
tan simple y complicada al mismo tiempo,
tan como nosotros.
No acostumbramos al idilio.
Sin embargo en estas miradas
se refleja un leve estado de plenitud,
un fuerte intento de entender...
Tanta tranquilidad y bienestar en tan corto tiempo.
Así, una mano decidida
recorre la espalda en vaivén
y la única solución posible en el momento es disfrutar;
disfrutarnos.
descansando sobre un lado,
frente a frente los dos.
Se escapan las sonrisas de los labios
involuntariamente, seguidas de una caricia
salada por el suspiro del mar.
La mirada fija, clavada en las pupilas invisibles
que destellan silenciosas,
más de mil palabras al unísono.
Mientras, por las rendijas de la persiana mal cerrada,
se filtra la luz del día entrante que nos da la libertad
de jugar a adivinarnos los pensamientos
a través de los ojos entreabiertos que recién se despiertan
o que todavía no quieren dormir.
Un minuto más
y estalla el plan seguro de la calma aparente;
se derrumba ante nuestros propios intentos de tranquilidad,
el circo estático que creamos para controlar la inercia
del impulso dulcemente contagioso que nos invade.
Insoportable, inquieto,
un beso se anima a romper el hielo
y así comenzar con el parsimonioso ritual
de la charla silenciosa,
tan simple y complicada al mismo tiempo,
tan como nosotros.
No acostumbramos al idilio.
Sin embargo en estas miradas
se refleja un leve estado de plenitud,
un fuerte intento de entender...
Tanta tranquilidad y bienestar en tan corto tiempo.
Así, una mano decidida
recorre la espalda en vaivén
y la única solución posible en el momento es disfrutar;
disfrutarnos.
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