Sin hablar, sin pensar, iré por
los senderos del amor, para
que me crezcas en el alma.
Lejos, dichoso, mientras
reclinas un Te quiero en mis
oídos y yo hago para
ti un nido de besos.
Hasta encontrar el sentido
del universo en tus brazos.
Hasta que se mezcle el sol
con mis manos y te lleve,
después, para abrirnos
el pecho en ofrenda del ahora,
del antes y el después.
Yo pronunciando frutos
maduros y dulces al gusto
de tu boca. Yo con el cesto
de mis besos, cosechando
efervescencia en la
sementera de tus senos.
Tú con ese optimismo que,
a veces, se convierte en tristeza.
Tú con esa divinidad que
descansa en tus caderas.
Ambos en un concierto
de nuestro silencio y la canción
emocionante que cuelga del
pentagrama de nuestros cuerpos.
Ni gritar tu nombre en todos
los planetas, correr hasta
el fondo de la tierra, sobarle
la espalda al tiempo.
Será la cura o la penitencia
vital para cuando no te tenga.
Porque este hombre entonces
habrá acabado y se llenará
de agujeros sin fondo y llorará
su cuerpo sin espíritu
y en algún rincón se escuchará
débilmente que suplican sus
poemas una gracia, una apetencia,
un para siempre de tus ojos.
los senderos del amor, para
que me crezcas en el alma.
Lejos, dichoso, mientras
reclinas un Te quiero en mis
oídos y yo hago para
ti un nido de besos.
Hasta encontrar el sentido
del universo en tus brazos.
Hasta que se mezcle el sol
con mis manos y te lleve,
después, para abrirnos
el pecho en ofrenda del ahora,
del antes y el después.
Yo pronunciando frutos
maduros y dulces al gusto
de tu boca. Yo con el cesto
de mis besos, cosechando
efervescencia en la
sementera de tus senos.
Tú con ese optimismo que,
a veces, se convierte en tristeza.
Tú con esa divinidad que
descansa en tus caderas.
Ambos en un concierto
de nuestro silencio y la canción
emocionante que cuelga del
pentagrama de nuestros cuerpos.
Ni gritar tu nombre en todos
los planetas, correr hasta
el fondo de la tierra, sobarle
la espalda al tiempo.
Será la cura o la penitencia
vital para cuando no te tenga.
Porque este hombre entonces
habrá acabado y se llenará
de agujeros sin fondo y llorará
su cuerpo sin espíritu
y en algún rincón se escuchará
débilmente que suplican sus
poemas una gracia, una apetencia,
un para siempre de tus ojos.