JUAN FRAUSTO ISLAS
Poeta recién llegado
A ella la espero
en la inexactitud del sigilo
porque sólo en ese punto
pueden coincidir nuestros sueños
y todas nuestras soledades;
así
envueltos en marasmos
por sabernos sin palabras
nos buscamos.
Es mi día a día
en la espera que llega
con la misma desesperación
por no encontrarla.
La he forjado a hierro
en el yerro
de todo lo que no he amado.
Aparece revolviendo mi cama
en su no estar
para aminorar
las invernales noches de noviembre
y llaga hasta enero
haciendo escarcha
en cada poro de mi alma.
Somos una oculta convergencia
hacia la simpleza
porque existe
y es ausente presencia,
porque aparece
en cada rescoldo de luz
al llegar la mañana;
unas veces
en el olor de la almohada
otras tantas
en el cálido sabor
de un sorbo de café.
Y yo,
me siento a su lado
y manifiesto mi ser
al abrir sus ventanas
hurgo entre sus repisas
y duermo y me esparzo en calor
soy vapor y la asfixio
cuando sueña que sueño con ella
en la humedad de mi bañera.
en la inexactitud del sigilo
porque sólo en ese punto
pueden coincidir nuestros sueños
y todas nuestras soledades;
así
envueltos en marasmos
por sabernos sin palabras
nos buscamos.
Es mi día a día
en la espera que llega
con la misma desesperación
por no encontrarla.
La he forjado a hierro
en el yerro
de todo lo que no he amado.
Aparece revolviendo mi cama
en su no estar
para aminorar
las invernales noches de noviembre
y llaga hasta enero
haciendo escarcha
en cada poro de mi alma.
Somos una oculta convergencia
hacia la simpleza
porque existe
y es ausente presencia,
porque aparece
en cada rescoldo de luz
al llegar la mañana;
unas veces
en el olor de la almohada
otras tantas
en el cálido sabor
de un sorbo de café.
Y yo,
me siento a su lado
y manifiesto mi ser
al abrir sus ventanas
hurgo entre sus repisas
y duermo y me esparzo en calor
soy vapor y la asfixio
cuando sueña que sueño con ella
en la humedad de mi bañera.