noxifer
Poeta recién llegado
A ESA MUJER DE MIS SUEÑOS
Maldigo la fugacidad
porque ni en el divino sueño
ni en la grisácea vigilia
soy eterno.
Pero soporto esa fugacidad
mientras esta sombra en verso
busca tu eco
Maldigo la fugacidad
porque ni en el divino sueño
ni en la grisácea vigilia
soy eterno.
Pero soporto esa fugacidad
mientras esta sombra en verso
busca tu eco
sin remedio.
Sin remedio.
Sin remedio.
Recuerdo que no parpadeé,
sólo intenté mirarte
ciego.
Tampoco respiré,
sólo intenté suspirar
muerto.
Contemplé pétreo
tu cabello rojo
agitando el viento,
quemando el eco
de un no-tiempo.
Porque en silencio
alejando mi dolor,
Sin remedio.
Sin remedio.
Recuerdo que no parpadeé,
sólo intenté mirarte
ciego.
Tampoco respiré,
sólo intenté suspirar
muerto.
Contemplé pétreo
tu cabello rojo
agitando el viento,
quemando el eco
de un no-tiempo.
Porque en silencio
alejando mi dolor,
nos miramos.
Porque en un instante
apartando mi soledad,
apartando mi soledad,
hablamos.
Unimos nuestros pensamientos
como ramas de un mismo árbol,
nos conocimos enteramente
sin saciarnos.
Pero yo, llevado por tu risa,
embargado de tus memorias,
tus planes malvados,
Unimos nuestros pensamientos
como ramas de un mismo árbol,
nos conocimos enteramente
sin saciarnos.
Pero yo, llevado por tu risa,
embargado de tus memorias,
tus planes malvados,
tus ideas secretas,
tu canto de medusa,
y tu mirada de sirena,
sin pensarlo dos veces,
como jinete de rayo
que deja rezagada su sombra,
tu canto de medusa,
y tu mirada de sirena,
sin pensarlo dos veces,
como jinete de rayo
que deja rezagada su sombra,
me acerqué a ti
desbocado.
Y perdóname
porque no pude evitarlo:
cree huracanes de fuego
con nuestros brazos
desnudos.
Hice de suspiros
diamantes de arena blanca
con nuestros labios
desnudos.
Y nuestros cuerpos de lava
se entrelazaron mil veces
con nuestros labios
desnudos.
Y nuestros cuerpos de lava
se entrelazaron mil veces
devastando el mundo,
desnudos.
Y por eso ahora maldigo
la fugacidad de mi sueño:
aquél reflejo dulce,
aquél espejismo de fuego.
Maldigo escribiendo
desnudos.
Y por eso ahora maldigo
la fugacidad de mi sueño:
aquél reflejo dulce,
aquél espejismo de fuego.
Maldigo escribiendo
esto que he soñado;
añorándote
añorándote
entre ojos rotos,
rostros en trozos,
barrotes y locos.
Pero sé que algún día
rostros en trozos,
barrotes y locos.
Pero sé que algún día
leerás esto que escribo ahora,
porque sé que allá afuera
porque sé que allá afuera
en esta solitaria vigilia
realmente existes.
Y si eres tú esa mujer que he soñado,
a la que llegan ahora mis versos,
te diré que ya no deseo
buscarte entre el sueño;
deseo conocerte en una tarde lluviosa
realmente existes.
Y si eres tú esa mujer que he soñado,
a la que llegan ahora mis versos,
te diré que ya no deseo
buscarte entre el sueño;
deseo conocerte en una tarde lluviosa
para contemplarte entre cada gota;
esconderte entre nubes grises un instante
y al fin poder besarte,
desde Do hasta Mi,
Sin Re medio.
Sin Re medio.
Sin Re medio.
Sin Re medio.
Sin Re medio.
Sin Re medio.
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