Seis sonetos escritos expresamente acerca de lo horrible que puede ser la existencia. Espero que os gusten.
I.
Bello ocaso de sombra y desconsuelo
que iluminas con sangres coloridas
la promesa que hicieran tantas vidas
al alba que impulsó su primer vuelo
Al mundo viertes estrellas de duelo
que marcan las tristezas esparcidas
en mares que, por desgracias baídas,
son de almas inocentes el señuelo
Airoso en el caer, mueres sin pena
buscando de la noche el beso ausente
que inunda tus fulgores de gangrena
y en negro funeral torna tu frente
que en rayos de penumbra ya se esmena
perdiendo sin dolor su luz candente
II.
¡Oh páramo de ardides y desgarro,
de noches bajo soles traicioneros
que arrancan de los amores primeros
el tiempo que les diste en despilfarro!
Tus garras al espíritu me amarro
brindando a mi sufrir vanos esmeros
que tuércense en solaces araneros
tendidos para mí en celar bizarro
Los bosques que te pueblan son esquelas
que pudren con derrota las prisiones
hundidas en mi sino cual roelas
tan burdas en sus brillos y visiones
que inundan de fantasmas esas velas
que ofrecen un reposo a mis ansiones
III.
Me siento como un pobre combatiente
que lucha contra el tiempo y la malicia
sin gloria en la batalla, dulce albricia
que esconde del horror la furia ardiente
Me enreda cada angustia cual serpiente
bebiendo mis temores con codicia
y muero entre sus vueltas sin justicia
al ver que a mis plegarias Dios no asiente
No encuentro una respuesta a las preguntas
que el alma me formula en su deseo
de hallar las alegrías ya difuntas
que el mundo me robara en mal empleo
y vivo de congojas que, conjuntas
al triste corazón mantienen reo
IV.
Perece en la mañana cada rosa
que grávida florece en la agonía
del alma en retirada valerosa
y lid que por vivir sigue a porfía
La noche de sus lágrimas rebosa
preñada de dolor en fiera orgía
y ríndese a la llama calurosa
que es siempre del cuitado la latría
La sombra se recata ante el avance
rugiente de la luz hacia el Averno
que esconde de sus odios el romance
y niega al desconsuelo hacer su terno.
Mas toda lenta calma es un percance,
del Hado a nuestras almas un descuerno
V.
El tiempo se retuerce en manecillas
de grávido metal y oscuro cobre
haciendo con su cuerpo el leño pobre
que marca las miserias como aspillas
La boca vierte el hálito salobre
del hondo padecer de sus mancillas
y vuélvense sofocos las semillas
que afloran contrición en su pardiobre
¿Qué resta de la noche que cruzamos
en busca del engaño de las luces
y el dulce descansar que tanto ansiamos?
Afrentas que Dios marca en las testuces
de todos los que quisieron ser amos
del mundo y sus maléficos marfuces
VI.
Ya nada es lo que queda del constante
recuerdo del anhelo y desvarío
que dieron a esa carne vano brío
y al orgullo tras ella, voz retante
Los dedos que ofrecieron gesto amante
a flores de ilusión entre el gentío
hoy sienten las paredes del vacío
helando sus pasiones de farfante
El eco de los huesos es un barco
que carga en su silencio lo vivido
y de la Nada eterna es negro marco
No somos, por no ser, ni un estallido
que rompe la quietud den un triste charco
cayendo sin remedio en el olvido
I.
Bello ocaso de sombra y desconsuelo
que iluminas con sangres coloridas
la promesa que hicieran tantas vidas
al alba que impulsó su primer vuelo
Al mundo viertes estrellas de duelo
que marcan las tristezas esparcidas
en mares que, por desgracias baídas,
son de almas inocentes el señuelo
Airoso en el caer, mueres sin pena
buscando de la noche el beso ausente
que inunda tus fulgores de gangrena
y en negro funeral torna tu frente
que en rayos de penumbra ya se esmena
perdiendo sin dolor su luz candente
II.
¡Oh páramo de ardides y desgarro,
de noches bajo soles traicioneros
que arrancan de los amores primeros
el tiempo que les diste en despilfarro!
Tus garras al espíritu me amarro
brindando a mi sufrir vanos esmeros
que tuércense en solaces araneros
tendidos para mí en celar bizarro
Los bosques que te pueblan son esquelas
que pudren con derrota las prisiones
hundidas en mi sino cual roelas
tan burdas en sus brillos y visiones
que inundan de fantasmas esas velas
que ofrecen un reposo a mis ansiones
III.
Me siento como un pobre combatiente
que lucha contra el tiempo y la malicia
sin gloria en la batalla, dulce albricia
que esconde del horror la furia ardiente
Me enreda cada angustia cual serpiente
bebiendo mis temores con codicia
y muero entre sus vueltas sin justicia
al ver que a mis plegarias Dios no asiente
No encuentro una respuesta a las preguntas
que el alma me formula en su deseo
de hallar las alegrías ya difuntas
que el mundo me robara en mal empleo
y vivo de congojas que, conjuntas
al triste corazón mantienen reo
IV.
Perece en la mañana cada rosa
que grávida florece en la agonía
del alma en retirada valerosa
y lid que por vivir sigue a porfía
La noche de sus lágrimas rebosa
preñada de dolor en fiera orgía
y ríndese a la llama calurosa
que es siempre del cuitado la latría
La sombra se recata ante el avance
rugiente de la luz hacia el Averno
que esconde de sus odios el romance
y niega al desconsuelo hacer su terno.
Mas toda lenta calma es un percance,
del Hado a nuestras almas un descuerno
V.
El tiempo se retuerce en manecillas
de grávido metal y oscuro cobre
haciendo con su cuerpo el leño pobre
que marca las miserias como aspillas
La boca vierte el hálito salobre
del hondo padecer de sus mancillas
y vuélvense sofocos las semillas
que afloran contrición en su pardiobre
¿Qué resta de la noche que cruzamos
en busca del engaño de las luces
y el dulce descansar que tanto ansiamos?
Afrentas que Dios marca en las testuces
de todos los que quisieron ser amos
del mundo y sus maléficos marfuces
VI.
Ya nada es lo que queda del constante
recuerdo del anhelo y desvarío
que dieron a esa carne vano brío
y al orgullo tras ella, voz retante
Los dedos que ofrecieron gesto amante
a flores de ilusión entre el gentío
hoy sienten las paredes del vacío
helando sus pasiones de farfante
El eco de los huesos es un barco
que carga en su silencio lo vivido
y de la Nada eterna es negro marco
No somos, por no ser, ni un estallido
que rompe la quietud den un triste charco
cayendo sin remedio en el olvido
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