He aquí bien expuesta mi historia
para los que conocen dicha no mencionen,
para los que no regocijaos de mis memorias
porque mi cuento así os emocione.
Relaten mis dedos con sutil gracia,
para que los más próximos bien poco entiendan.
Sepan mis más amores allegados mi magia
y mi amor desenfrenado por sus prendas.
He aquí florecilla desvanecida en primavera;
no entraban demasiados rayos de sol en el día.
Fijé unos clavos para estar a su vera,
pero confusión y hallazgo mi mente derretían.
Todo fue un salto de entrada al alba,
en que anduve menos triste que feliz.
Sus ojos y pómulos sonrojaban palabras
que al final arrancaban mi asombro de raíz.
Fue la letra de escarlata y envejecida
la que pluma en tinta despidió con sutileza.
Aquella carta que abruma entrada y salida
porque en infinito amor le debo a su alteza.
Sin más miramientos que los segundos
que acompasaban mi reloj en el firmamento,
entre estrellas que palpan luz al mundo
cogí una de ellas y la tuve por un momento.
Poco a poco en cuerdecilla débil
en mi saco de canicas puse su alma.
Cerré con fuerza en cuerda fértil
que de hilos púrpuras rezaba en calma.
En su parpadeo prendado quedé en paseo
porque en sonidos de teatro firmé mi sangre,
aun el celo en que algunos ojos leo
os aseguro que todos quedaron con hambre.
No palpité igual que en aquella época,
pues el ritmo impuesto venía de mí mismo.
Cual desnudo trigo quedé en sémola
y mi piel ahora se mueve en sentimentalismo.
Hacia un TE QUIERO seguí los pasos,
y al final conseguí más que eso,
pues fue una semana, para mí un lapso,
y más tarde media vida de reencuentro.
He aquí el final de un principio,
unos versos para la posteridad,
que mi musa lo era y sigue en su sitio.
Claro reflejo de su eternidad.
Esto es para ti, querida musa;
bella inspiración aun con mi ojo tuerto,
por lo mal que traté tu vida con excusa.
Querer no lo vieras antes que fuera muerto.
para los que conocen dicha no mencionen,
para los que no regocijaos de mis memorias
porque mi cuento así os emocione.
Relaten mis dedos con sutil gracia,
para que los más próximos bien poco entiendan.
Sepan mis más amores allegados mi magia
y mi amor desenfrenado por sus prendas.
He aquí florecilla desvanecida en primavera;
no entraban demasiados rayos de sol en el día.
Fijé unos clavos para estar a su vera,
pero confusión y hallazgo mi mente derretían.
Todo fue un salto de entrada al alba,
en que anduve menos triste que feliz.
Sus ojos y pómulos sonrojaban palabras
que al final arrancaban mi asombro de raíz.
Fue la letra de escarlata y envejecida
la que pluma en tinta despidió con sutileza.
Aquella carta que abruma entrada y salida
porque en infinito amor le debo a su alteza.
Sin más miramientos que los segundos
que acompasaban mi reloj en el firmamento,
entre estrellas que palpan luz al mundo
cogí una de ellas y la tuve por un momento.
Poco a poco en cuerdecilla débil
en mi saco de canicas puse su alma.
Cerré con fuerza en cuerda fértil
que de hilos púrpuras rezaba en calma.
En su parpadeo prendado quedé en paseo
porque en sonidos de teatro firmé mi sangre,
aun el celo en que algunos ojos leo
os aseguro que todos quedaron con hambre.
No palpité igual que en aquella época,
pues el ritmo impuesto venía de mí mismo.
Cual desnudo trigo quedé en sémola
y mi piel ahora se mueve en sentimentalismo.
Hacia un TE QUIERO seguí los pasos,
y al final conseguí más que eso,
pues fue una semana, para mí un lapso,
y más tarde media vida de reencuentro.
He aquí el final de un principio,
unos versos para la posteridad,
que mi musa lo era y sigue en su sitio.
Claro reflejo de su eternidad.
Esto es para ti, querida musa;
bella inspiración aun con mi ojo tuerto,
por lo mal que traté tu vida con excusa.
Querer no lo vieras antes que fuera muerto.