Fabián Menassa
Poeta adicto al portal
Bella;
tú que acoges,
maternal,
universal en tu seno
la verdadera historia de los pueblos,
tú que gritas libertad,
letra de ululante fuego;
desde el vacío abstracto de la nada
y recorres
en brutal ejercicio de voz despierta-mentes
los rincones amables y agrestes de mi España natal
y te tiendes al viento
por la Argentina pampa de mi sangre-tinta,
tintero de estos versos
y de norte a sur,
atravesado por tu canto
el gran continente americano,
te hace eco.
Oh! Colombia,
no traigo hoy en mis versos pesados metales
ni mi voz es hoy la voz del viento
ni la de la Tierra,
que clama por sus hijos,
Germán Pardo García, gran maestro.
Oh! Perú y mi querido Vallejo,
No bajaré a las minas,
ni entraré hoy en batalla
Hoy amigos,
haremos sonar la gaita,
Oh! Chile
Os digo que no traje un parasubidas
como Altazor traía
de la mano de Huidobro
No vengo a hablar de muertes
Hoy, en estos versos
ni traigo la manzana prometida,
oh Cuba grande,
cuna de mi bien amada Carilda
Oh! Argentina,
No traigo un banco
ni un río
ni un yo años más viejo
para conversar largo y tendido transcurrir onírico,
sentados sobre el banco,
viendo pasar el río mis dos siglos,
como Borges traía,
elocuente y sabio bajo su abrigo.
No traigo tampoco, hoy conmigo
remos de incansable giro,
ni balsa enamorada alguna,
ni si quiera, pequeños maderos,
ni secreto de vida y de muerte,
como Miguel Menassa traía
en Verdadero Viaje sapiente.
No traigo hoy, Alfonsina
tu soledad de superviviente
ni largos versos ardientes
en grandes hoteles escritos
como Enrique Molina traía.
La baba del odio hedionda,
no salpica estos versos sencillos,
ni vengo a acuñar nuevos términos
como Girondo, creador infinito.
Quiero olvidar y no olvido
Tiempos de infatigable pobreza
Y sobre estos ojos sin sueño
Abrazo amable y sincero
Tus señales de vida en mis versos;
Raúl Gustavo Aguirre,
en el horizonte de este sueño.
Amando mi patria me quedo
con Tuñon, Portogalo, Olivari
mi tierra, son todos los versos,
que no saben de cementerios.
Bella,
tú que acoges en tu seno
la revolución de los sentidos
y te cargas de futuro
y te lanzas al mar,
lágrima imposible
sobre los turbios ojos de la noche
y de norte a sur
atravesado por tu canto,
el viejo continente
te hace eco.
Oh España,
No traje tampoco hoy conmigo
guardias civiles borrachos
ni barandas de amargura plena
ni lunas verde en mi estela
como traía Federico,
no traje,
mundo,
hoy a verte,
la sonrisa de esa niña,
ni la triste amarga espera
en mi ventana sangrante,
ni un violín silencioso
ni un ataúd sin medida
como León Felipe traía.
No hay hoy, en mis manos tormentas
de piedras, rayos ni hachas estridentes
pues ya sabéis, hoy
hermanos
no vengo a cantar a la muerte,
como Miguel Hernández lo hacía,
lleno de amor y nostalgias,
llorando magistralmente.
No traigo los mares de Alberti,
Ni esperando el amor desespero
como Neruda lo hacía
poniendo su canto en el cielo.
tú que acoges,
maternal,
universal en tu seno
la verdadera historia de los pueblos,
tú que gritas libertad,
letra de ululante fuego;
desde el vacío abstracto de la nada
y recorres
en brutal ejercicio de voz despierta-mentes
los rincones amables y agrestes de mi España natal
y te tiendes al viento
por la Argentina pampa de mi sangre-tinta,
tintero de estos versos
y de norte a sur,
atravesado por tu canto
el gran continente americano,
te hace eco.
Oh! Colombia,
no traigo hoy en mis versos pesados metales
ni mi voz es hoy la voz del viento
ni la de la Tierra,
que clama por sus hijos,
Germán Pardo García, gran maestro.
Oh! Perú y mi querido Vallejo,
No bajaré a las minas,
ni entraré hoy en batalla
Hoy amigos,
haremos sonar la gaita,
Oh! Chile
Os digo que no traje un parasubidas
como Altazor traía
de la mano de Huidobro
No vengo a hablar de muertes
Hoy, en estos versos
ni traigo la manzana prometida,
oh Cuba grande,
cuna de mi bien amada Carilda
Oh! Argentina,
No traigo un banco
ni un río
ni un yo años más viejo
para conversar largo y tendido transcurrir onírico,
sentados sobre el banco,
viendo pasar el río mis dos siglos,
como Borges traía,
elocuente y sabio bajo su abrigo.
No traigo tampoco, hoy conmigo
remos de incansable giro,
ni balsa enamorada alguna,
ni si quiera, pequeños maderos,
ni secreto de vida y de muerte,
como Miguel Menassa traía
en Verdadero Viaje sapiente.
No traigo hoy, Alfonsina
tu soledad de superviviente
ni largos versos ardientes
en grandes hoteles escritos
como Enrique Molina traía.
La baba del odio hedionda,
no salpica estos versos sencillos,
ni vengo a acuñar nuevos términos
como Girondo, creador infinito.
Quiero olvidar y no olvido
Tiempos de infatigable pobreza
Y sobre estos ojos sin sueño
Abrazo amable y sincero
Tus señales de vida en mis versos;
Raúl Gustavo Aguirre,
en el horizonte de este sueño.
Amando mi patria me quedo
con Tuñon, Portogalo, Olivari
mi tierra, son todos los versos,
que no saben de cementerios.
Bella,
tú que acoges en tu seno
la revolución de los sentidos
y te cargas de futuro
y te lanzas al mar,
lágrima imposible
sobre los turbios ojos de la noche
y de norte a sur
atravesado por tu canto,
el viejo continente
te hace eco.
Oh España,
No traje tampoco hoy conmigo
guardias civiles borrachos
ni barandas de amargura plena
ni lunas verde en mi estela
como traía Federico,
no traje,
mundo,
hoy a verte,
la sonrisa de esa niña,
ni la triste amarga espera
en mi ventana sangrante,
ni un violín silencioso
ni un ataúd sin medida
como León Felipe traía.
No hay hoy, en mis manos tormentas
de piedras, rayos ni hachas estridentes
pues ya sabéis, hoy
hermanos
no vengo a cantar a la muerte,
como Miguel Hernández lo hacía,
lleno de amor y nostalgias,
llorando magistralmente.
No traigo los mares de Alberti,
Ni esperando el amor desespero
como Neruda lo hacía
poniendo su canto en el cielo.