Paolo Luna
Poeta adicto al portal
Conozco aquella reina que nunca tuvo tierra,
ni trono, ni corona, ni ejércitos de guerra,
ni pajes, ni sirvientes, ni esclavos, ni doncellas,
que no es la más hermosa y es bella entre las bellas.
Tal reina no ha bebido de Francia un dulce vino,
jamás lució vestidos de seda y fino lino,
ni ha dicho que son suyos los mares y la arena
que alegres resbalaran sobre su piel morena.
La reina que conozco jamás tubo desfiles
de honor con mil soldados y tiros de fusiles.
Mas siempre tuvo un sueño rondando su cabeza:
un rey de carne y hueso y la más bella princesa.
Conoce cien países y el mar en sus honduras,
los andes donde viven las aguas siempre puras,
las selvas donde habitan las aves y las fieras
y todo solo en libros que viajan donde quieras.
A veces en sus viajes va y vuelve en un momento,
volando en un suspiro, serena en un asiento.
Y aquella calabaza que ha sido su carruaje,
se esfuma con su alcázar, sus joyas y su traje.
Camina por la calle mirando hacia adelante
y suave es la sonrisa pintada en su semblante.
La miro y orgulloso me siento el caballero
que agacha su cabeza y se quita su sombrero.
Le da fuerza a mis sueños, soy rey en mi castillo
y traigo de batallas, tesoros con su brillo.
Mis triunfos son para esa que anima mi salida,
me abraza y me da un beso por cada bienvenida.
A Dios yo le agradezco vestirme de armadura
de raso simple y darme mi reina hermosa y pura.
Y pido me conceda tener siempre esa rosa.
Aquella que es mi dueña, mis sueños y mi esposa.
ni trono, ni corona, ni ejércitos de guerra,
ni pajes, ni sirvientes, ni esclavos, ni doncellas,
que no es la más hermosa y es bella entre las bellas.
Tal reina no ha bebido de Francia un dulce vino,
jamás lució vestidos de seda y fino lino,
ni ha dicho que son suyos los mares y la arena
que alegres resbalaran sobre su piel morena.
La reina que conozco jamás tubo desfiles
de honor con mil soldados y tiros de fusiles.
Mas siempre tuvo un sueño rondando su cabeza:
un rey de carne y hueso y la más bella princesa.
Conoce cien países y el mar en sus honduras,
los andes donde viven las aguas siempre puras,
las selvas donde habitan las aves y las fieras
y todo solo en libros que viajan donde quieras.
A veces en sus viajes va y vuelve en un momento,
volando en un suspiro, serena en un asiento.
Y aquella calabaza que ha sido su carruaje,
se esfuma con su alcázar, sus joyas y su traje.
Camina por la calle mirando hacia adelante
y suave es la sonrisa pintada en su semblante.
La miro y orgulloso me siento el caballero
que agacha su cabeza y se quita su sombrero.
Le da fuerza a mis sueños, soy rey en mi castillo
y traigo de batallas, tesoros con su brillo.
Mis triunfos son para esa que anima mi salida,
me abraza y me da un beso por cada bienvenida.
A Dios yo le agradezco vestirme de armadura
de raso simple y darme mi reina hermosa y pura.
Y pido me conceda tener siempre esa rosa.
Aquella que es mi dueña, mis sueños y mi esposa.
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