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A la salida de la última sesión de noche

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A LA SALIDA DE LA ÚLTIMA SESIÓN DE NOCHE


Líneas de oscuridad como interludios de la noche

Líneas de aliento macabro que nacen en la pupila sin brillos

Puedo disolverme perfectamente en tan lábil pentagrama

y cantar, cantar como un rústico instrumento

como una zanfoña, tal vez un arpa eólica,

tal vez como mi último lamento.


Dejo que la noche extienda sobre mí su cúpula

y sólo aspiro a encontrar cómodo mi féretro

Se que no hallaré de nuevo el calor de tu mano

o el resorte de tu cuerpo junto al mío

que tense mis ya dormidos nervios.


He puesto fin a esta vida continuamente astillada

por mis ojos y mis palabras

Mis ojos, rústico vidrio, fragmentaban cuanto era un todo para mí

Mis palabras como latidos sin aliento no lograban definir el color de tus cabellos

Me hablabas de amor como si se tratase de orgías entre peces de colores

y en la vítrea redondez del absurdo eras mecanismo y duda

pero nunca, entiendes, nunca llama furibunda sobre la blanca de las sábanas.


Vigilando el nocturno divagar de las promesas

recogí las mejores cosechas de tus frutos admirables

Conseguí definir en mi aspiración de célibe irredento

las ecuaciones de las formas tu cuerpo

como canciones de amor entre tabiques.


La inacabable síntesis entre tus pechos y tu cadera

el negro palpitar de las axilas como yugo

o minarete que convoca a tus placeres

y, ah, la indefinible cara interna de tus muslos

cuya suavidad me embriaga y me impide acceder

al supremo goce del martirio.


En la ciudad ominosa han cambiado de nuevo los carteles de los cines

Ya no estás, árbol ardiente, mirando desde tu altura mensurable

mis vacilantes y torpes pasos de guardián de tus secretos.

Te acompañan esos revólveres falsos del galán que te asignaron

Te acompaña la esplendorosa caligrafía de letras inspiradas en desiertos

como insinuación de amaneceres sin palmeras tropicales

Pero sigues luciendo la espléndida cabellera de filamentos de cobre

y tus ojos acompañan el deambular de los últimos sonámbulos.


Y allí, como un búho colgado del aparador de nogal

allí me desembarazo de mi capa y mis espadas

pobre actor dimisionario de protagonismos inútiles.

Eres mi sueño y tu delirio, mi vacía y procaz pelirroja

Bajo nuestro amor imposible la ciudad guarda silencio

tan grande es el drama que entre nosotros late.

Solícito espectador recurrente de la última sesión de noche

he de volver cuando ya todos duerman

al cálculo que me da vida, el de las curvas de tus mejillas floridas

oh mi inacabable proyecto de muchacha en flor.



man-ray20.png

Ilust.: Man Ray. “Maniquí.”
 
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A LA SALIDA DE LA ÚLTIMA SESIÓN DE NOCHE


Líneas de oscuridad como interludios de la noche

Líneas de aliento macabro que nacen en la pupila sin brillos

Puedo disolverme perfectamente en tan lábil pentagrama

y cantar, cantar como un rústico instrumento

como una zanfoña, tal vez un arpa eólica,

tal vez como mi último lamento.


Dejo que la noche extienda sobre mí su cúpula

y sólo aspiro a encontrar cómodo mi féretro

Se que no hallaré de nuevo el calor de tu mano

o el resorte de tu cuerpo junto al mío

que tense mis ya dormidos nervios.


He puesto fin a esta vida continuamente astillada

por mis ojos y mis palabras

Mis ojos, rústico vidrio, fragmentaban cuanto era un todo para mí

Mis palabras como latidos sin aliento no lograban definir el color de tus cabellos

Me hablabas de amor como si se tratase de orgías entre peces de colores

y en la vítrea redondez del absurdo eras mecanismo y duda

pero nunca, entiendes, nunca llama furibunda sobre la blanca de las sábanas.


Vigilando el nocturno divagar de las promesas

recogí las mejores cosechas de tus frutos admirables

Conseguí definir en mi aspiración de célibe irredento

las ecuaciones de las formas tu cuerpo

como canciones de amor entre tabiques.


La inacabable síntesis entre tus pechos y tu cadera

el negro palpitar de las axilas como yugo

o minarete que convoca a tus placeres

y, ah, la indefinible cara interna de tus muslos

cuya suavidad me embriaga y me impide acceder

al supremo goce del martirio.


En la ciudad ominosa han cambiado de nuevo los carteles de los cines

Ya no estás, árbol ardiente, mirando desde tu altura mensurable

mis vacilantes y torpes pasos de guardián de tus secretos.

Te acompañan esos revólveres falsos del galán que te asignaron

Te acompaña la esplendorosa caligrafía de letras inspiradas en desiertos

como insinuación de amaneceres sin palmeras tropicales

Pero sigues luciendo la espléndida cabellera de filamentos de cobre

y tus ojos acompañan el deambular de los últimos sonámbulos.


Y allí, como un búho colgado del aparador de nogal

allí me desembarazo de mi capa y mis espadas

pobre actor dimisionario de protagonismos inútiles.

Eres mi sueño y tu delirio, mi vacía y procaz pelirroja

Bajo nuestro amor imposible la ciudad guarda silencio

tan grande es el drama que entre nosotros late.

Solícito espectador recurrente de la última sesión de noche

he de volver cuando ya todos duerman

al cálculo que me da vida, el de las curvas de tus mejillas floridas

oh mi inacabable proyecto de muchacha en flor.



man-ray20.png

Ilust.: Man Ray. “Maniquí.”


Admirable espectáculo que me ha gustado disfrutar Miguel, tu pluma ha desfilado en alfombra roja.
Saludos cordiales.
 
A LA SALIDA DE LA ÚLTIMA SESIÓN DE NOCHE


Líneas de oscuridad como interludios de la noche

Líneas de aliento macabro que nacen en la pupila sin brillos

Puedo disolverme perfectamente en tan lábil pentagrama

y cantar, cantar como un rústico instrumento

como una zanfoña, tal vez un arpa eólica,

tal vez como mi último lamento.


Dejo que la noche extienda sobre mí su cúpula

y sólo aspiro a encontrar cómodo mi féretro

Se que no hallaré de nuevo el calor de tu mano

o el resorte de tu cuerpo junto al mío

que tense mis ya dormidos nervios.


He puesto fin a esta vida continuamente astillada

por mis ojos y mis palabras

Mis ojos, rústico vidrio, fragmentaban cuanto era un todo para mí

Mis palabras como latidos sin aliento no lograban definir el color de tus cabellos

Me hablabas de amor como si se tratase de orgías entre peces de colores

y en la vítrea redondez del absurdo eras mecanismo y duda

pero nunca, entiendes, nunca llama furibunda sobre la blanca de las sábanas.


Vigilando el nocturno divagar de las promesas

recogí las mejores cosechas de tus frutos admirables

Conseguí definir en mi aspiración de célibe irredento

las ecuaciones de las formas tu cuerpo

como canciones de amor entre tabiques.


La inacabable síntesis entre tus pechos y tu cadera

el negro palpitar de las axilas como yugo

o minarete que convoca a tus placeres

y, ah, la indefinible cara interna de tus muslos

cuya suavidad me embriaga y me impide acceder

al supremo goce del martirio.


En la ciudad ominosa han cambiado de nuevo los carteles de los cines

Ya no estás, árbol ardiente, mirando desde tu altura mensurable

mis vacilantes y torpes pasos de guardián de tus secretos.

Te acompañan esos revólveres falsos del galán que te asignaron

Te acompaña la esplendorosa caligrafía de letras inspiradas en desiertos

como insinuación de amaneceres sin palmeras tropicales

Pero sigues luciendo la espléndida cabellera de filamentos de cobre

y tus ojos acompañan el deambular de los últimos sonámbulos.


Y allí, como un búho colgado del aparador de nogal

allí me desembarazo de mi capa y mis espadas

pobre actor dimisionario de protagonismos inútiles.

Eres mi sueño y tu delirio, mi vacía y procaz pelirroja

Bajo nuestro amor imposible la ciudad guarda silencio

tan grande es el drama que entre nosotros late.

Solícito espectador recurrente de la última sesión de noche

he de volver cuando ya todos duerman

al cálculo que me da vida, el de las curvas de tus mejillas floridas

oh mi inacabable proyecto de muchacha en flor.



man-ray20.png

Ilust.: Man Ray. “Maniquí.”

Todos esos paisajes y ensueños metafóricos que provoca, el cuerpo de la mujer y la pasión.. siempre admirable tu arte, querido amigo Miguel. Un abrazo.
 
A LA SALIDA DE LA ÚLTIMA SESIÓN DE NOCHE


Líneas de oscuridad como interludios de la noche

Líneas de aliento macabro que nacen en la pupila sin brillos

Puedo disolverme perfectamente en tan lábil pentagrama

y cantar, cantar como un rústico instrumento

como una zanfoña, tal vez un arpa eólica,

tal vez como mi último lamento.


Dejo que la noche extienda sobre mí su cúpula

y sólo aspiro a encontrar cómodo mi féretro

Se que no hallaré de nuevo el calor de tu mano

o el resorte de tu cuerpo junto al mío

que tense mis ya dormidos nervios.


He puesto fin a esta vida continuamente astillada

por mis ojos y mis palabras

Mis ojos, rústico vidrio, fragmentaban cuanto era un todo para mí

Mis palabras como latidos sin aliento no lograban definir el color de tus cabellos

Me hablabas de amor como si se tratase de orgías entre peces de colores

y en la vítrea redondez del absurdo eras mecanismo y duda

pero nunca, entiendes, nunca llama furibunda sobre la blanca de las sábanas.


Vigilando el nocturno divagar de las promesas

recogí las mejores cosechas de tus frutos admirables

Conseguí definir en mi aspiración de célibe irredento

las ecuaciones de las formas tu cuerpo

como canciones de amor entre tabiques.


La inacabable síntesis entre tus pechos y tu cadera

el negro palpitar de las axilas como yugo

o minarete que convoca a tus placeres

y, ah, la indefinible cara interna de tus muslos

cuya suavidad me embriaga y me impide acceder

al supremo goce del martirio.


En la ciudad ominosa han cambiado de nuevo los carteles de los cines

Ya no estás, árbol ardiente, mirando desde tu altura mensurable

mis vacilantes y torpes pasos de guardián de tus secretos.

Te acompañan esos revólveres falsos del galán que te asignaron

Te acompaña la esplendorosa caligrafía de letras inspiradas en desiertos

como insinuación de amaneceres sin palmeras tropicales

Pero sigues luciendo la espléndida cabellera de filamentos de cobre

y tus ojos acompañan el deambular de los últimos sonámbulos.


Y allí, como un búho colgado del aparador de nogal

allí me desembarazo de mi capa y mis espadas

pobre actor dimisionario de protagonismos inútiles.

Eres mi sueño y tu delirio, mi vacía y procaz pelirroja

Bajo nuestro amor imposible la ciudad guarda silencio

tan grande es el drama que entre nosotros late.

Solícito espectador recurrente de la última sesión de noche

he de volver cuando ya todos duerman

al cálculo que me da vida, el de las curvas de tus mejillas floridas

oh mi inacabable proyecto de muchacha en flor.



man-ray20.png

Ilust.: Man Ray. “Maniquí.”



que buenas lineas de tu noche oscura se deslizan en tus letras taciturnas me gusto leerte
 
A LA SALIDA DE LA ÚLTIMA SESIÓN DE NOCHE


Líneas de oscuridad como interludios de la noche

Líneas de aliento macabro que nacen en la pupila sin brillos

Puedo disolverme perfectamente en tan lábil pentagrama

y cantar, cantar como un rústico instrumento

como una zanfoña, tal vez un arpa eólica,

tal vez como mi último lamento.


Dejo que la noche extienda sobre mí su cúpula

y sólo aspiro a encontrar cómodo mi féretro

Se que no hallaré de nuevo el calor de tu mano

o el resorte de tu cuerpo junto al mío

que tense mis ya dormidos nervios.


He puesto fin a esta vida continuamente astillada

por mis ojos y mis palabras

Mis ojos, rústico vidrio, fragmentaban cuanto era un todo para mí

Mis palabras como latidos sin aliento no lograban definir el color de tus cabellos

Me hablabas de amor como si se tratase de orgías entre peces de colores

y en la vítrea redondez del absurdo eras mecanismo y duda

pero nunca, entiendes, nunca llama furibunda sobre la blanca de las sábanas.


Vigilando el nocturno divagar de las promesas

recogí las mejores cosechas de tus frutos admirables

Conseguí definir en mi aspiración de célibe irredento

las ecuaciones de las formas tu cuerpo

como canciones de amor entre tabiques.


La inacabable síntesis entre tus pechos y tu cadera

el negro palpitar de las axilas como yugo

o minarete que convoca a tus placeres

y, ah, la indefinible cara interna de tus muslos

cuya suavidad me embriaga y me impide acceder

al supremo goce del martirio.


En la ciudad ominosa han cambiado de nuevo los carteles de los cines

Ya no estás, árbol ardiente, mirando desde tu altura mensurable

mis vacilantes y torpes pasos de guardián de tus secretos.

Te acompañan esos revólveres falsos del galán que te asignaron

Te acompaña la esplendorosa caligrafía de letras inspiradas en desiertos

como insinuación de amaneceres sin palmeras tropicales

Pero sigues luciendo la espléndida cabellera de filamentos de cobre

y tus ojos acompañan el deambular de los últimos sonámbulos.


Y allí, como un búho colgado del aparador de nogal

allí me desembarazo de mi capa y mis espadas

pobre actor dimisionario de protagonismos inútiles.

Eres mi sueño y tu delirio, mi vacía y procaz pelirroja

Bajo nuestro amor imposible la ciudad guarda silencio

tan grande es el drama que entre nosotros late.

Solícito espectador recurrente de la última sesión de noche

he de volver cuando ya todos duerman

al cálculo que me da vida, el de las curvas de tus mejillas floridas

oh mi inacabable proyecto de muchacha en flor.



man-ray20.png

Ilust.: Man Ray. “Maniquí.”
Enmascarse en esa noche capaz de dejar seducidos los sentimientos, desnudarse
en sinfin de formas y conceber asi esa devocion hacia ella. un intenso vuelo
dee imaginacion que acorde instituyes en todas esas transformaciones
temporales de la obras. bellissimo. saludos amables de luzyabsenta
 

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