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A la salida del concierto

Pessoa

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Desde el ojo siempre insomne de la luna

me es dado contemplar con mirada de animal

los latidos y los sueños

de la ciudad que duerme.



Mirada con brazos de nieve sin apenas ojos

navegante por ríos de niebla y abluciones

hasta llegar a la entraña sumisa y mineral

de las estatuas en los parques sin rocío.



Está la ciudad replegada sobre sus más íntimas calles

como alojada en una fría dormición

de bloques de ámbar que aún fósiles respiran

latentes vestigios de paisajes otoñales.



Es desde el cristal vibrátil de los tranvías que pasan

o de la superficie de las aguas del río

dispuestas a recibir la última mirada del suicida

de donde recibo esas llamadas extrañas.



O provienen quizás de azoteas iluminadas por los deseos

de las azarosas palomas que me hablan

con sincopados aleteos de la tristeza urbana

de una ventana nocturnamente encendida.



Suenan desde lejos los ecos de una guitarra de concierto

rebotando en las pedrerías que adornan escotes núbiles

deslizándose antes de extinguir sus fuegos

en los discretos devaneos de las damas recién casadas.



Mientras, las gaviotas de alas circunflejas extienden

los claros temblores que anuncian la madrugada.

Los amantes se procuran sus últimos placeres

y los campanarios exorcizan a los vencejos que aún duermen.



Corre la sangre clara por las venas del poeta

que prefiere sin embargo tomar su primer café

olvidando el verso colgado de la lámpara votiva

como una fiesta nocturna que acaba sin terminar.



Es la hora, esa hora sin tiempo desprovista de minutos y segundos

que marca el vacío cotidiano que precede al primer suspiro.

Una hora vaciada de tiempo que no es hora ni merece

su número en el reloj y es sin embargo infinita.



15-geniales-frases-de-Salvador-Dali-sobre-el-surrealismo-y-la-vida-6.jpg


Ilust.: Salvador Dalí.
 
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Desde el ojo siempre insomne de la luna

me es dado contemplar con mirada de animal

los latidos y los sueños

de la ciudad que duerme.



Mirada con brazos de nieve sin apenas ojos

navegante por ríos de niebla y abluciones

hasta llegar a la entraña sumisa y mineral

de las estatuas en los parques sin rocío.



Está la ciudad replegada sobre sus más íntimas calles

como alojada en una fría dormición

de bloques de ámbar que aún fósiles respiran

latentes vestigios de paisajes otoñales.



Es desde el cristal vibrátil de los tranvías que pasan

o de la superficie de las aguas del río

dispuestas a recibir la última mirada del suicida

de donde recibo esas llamadas extrañas.



O provienen quizás de azoteas iluminadas por los deseos

de las azarosas palomas que me hablan

con sincopados aleteos de la tristeza urbana

de una ventana nocturnamente encendida.



Suenan desde lejos los ecos de una guitarra de concierto

rebotando en las pedrerías que adornan escotes núbiles

deslizándose antes de extinguir sus fuegos

en los discretos devaneos de las damas recién casadas.



Mientras, las gaviotas de alas circunflejas extienden

los claros temblores que anuncian la madrugada.

Los amantes se procuran sus últimos placeres

y los campanarios exorcizan a los vencejos que aún duermen.



Corre la sangre clara por las venas del poeta

que prefiere sin embargo tomar su primer café

olvidando el verso colgado de la lámpara votiva

como una fiesta nocturna que acaba sin terminar.



Es la hora, esa hora sin tiempo desprovista de minutos y segundos

que marca el vacío cotidiano que precede al primer suspiro.

Una hora vaciada de tiempo que no es hora ni merece

su número en el reloj y es sin embargo infinita.



15-geniales-frases-de-Salvador-Dali-sobre-el-surrealismo-y-la-vida-6.jpg


Ilust.: Salvador Dalí.
Me ha encantado tu forma de describir esa ciudad, saludos poeta!!!
 
Desde el ojo siempre insomne de la luna

me es dado contemplar con mirada de animal

los latidos y los sueños

de la ciudad que duerme.



Mirada con brazos de nieve sin apenas ojos

navegante por ríos de niebla y abluciones

hasta llegar a la entraña sumisa y mineral

de las estatuas en los parques sin rocío.



Está la ciudad replegada sobre sus más íntimas calles

como alojada en una fría dormición

de bloques de ámbar que aún fósiles respiran

latentes vestigios de paisajes otoñales.



Es desde el cristal vibrátil de los tranvías que pasan

o de la superficie de las aguas del río

dispuestas a recibir la última mirada del suicida

de donde recibo esas llamadas extrañas.



O provienen quizás de azoteas iluminadas por los deseos

de las azarosas palomas que me hablan

con sincopados aleteos de la tristeza urbana

de una ventana nocturnamente encendida.



Suenan desde lejos los ecos de una guitarra de concierto

rebotando en las pedrerías que adornan escotes núbiles

deslizándose antes de extinguir sus fuegos

en los discretos devaneos de las damas recién casadas.



Mientras, las gaviotas de alas circunflejas extienden

los claros temblores que anuncian la madrugada.

Los amantes se procuran sus últimos placeres

y los campanarios exorcizan a los vencejos que aún duermen.



Corre la sangre clara por las venas del poeta

que prefiere sin embargo tomar su primer café

olvidando el verso colgado de la lámpara votiva

como una fiesta nocturna que acaba sin terminar.



Es la hora, esa hora sin tiempo desprovista de minutos y segundos

que marca el vacío cotidiano que precede al primer suspiro.

Una hora vaciada de tiempo que no es hora ni merece

su número en el reloj y es sin embargo infinita.



15-geniales-frases-de-Salvador-Dali-sobre-el-surrealismo-y-la-vida-6.jpg


Ilust.: Salvador Dalí.
Es ese tiempo que se rompe para el poeta y queda deyado el agasajo de los momentos.
recorrer los telones de un oceano de formas y detenerse como convulsionado en
la renovacion de cada elemento. un elegante ejemplo para amalgamarse en
ese oleaje que recrea el entorno. me ha gustado mucho. saludos siempre de
luzyabsenta
 
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