Era Sábado cuando la sombra del Coiquén
Reptaba entre la agrietada epidermis
Del rostro de esta tierra casi nuestra
Y se extendía como fría mancha hacia los adobes
Pertinaces combatientes acosados y rebeldes.
Allí estaba escrita la historia
En cada pedazo de barro
Erguido bajo los techos de rojas tejas
Que de vez en cuando alumbraban las calles
Y los recuerdos amarrados unos a otros
Con el lazo de añoranzas
Decantadas en medio del fuego y las palabras
Para que la infancia anotara nuestra vida
En el ojo absorto
Y el pensamiento desbocado en medio de la noche
Como una semilla
Rompiendo la greda de la pradera
Donde esta tierra era pan y techo al mismo tiempo
Cada noche un sueño se alza
Desde el fondo
Tal vez, un amasijo de rostros y nombres
Como adobes donde se cobijó nuestro tiempo
A la sombra del Coiquén, en Quirihue.
Reptaba entre la agrietada epidermis
Del rostro de esta tierra casi nuestra
Y se extendía como fría mancha hacia los adobes
Pertinaces combatientes acosados y rebeldes.
Allí estaba escrita la historia
En cada pedazo de barro
Erguido bajo los techos de rojas tejas
Que de vez en cuando alumbraban las calles
Y los recuerdos amarrados unos a otros
Con el lazo de añoranzas
Decantadas en medio del fuego y las palabras
Para que la infancia anotara nuestra vida
En el ojo absorto
Y el pensamiento desbocado en medio de la noche
Como una semilla
Rompiendo la greda de la pradera
Donde esta tierra era pan y techo al mismo tiempo
Cada noche un sueño se alza
Desde el fondo
Tal vez, un amasijo de rostros y nombres
Como adobes donde se cobijó nuestro tiempo
A la sombra del Coiquén, en Quirihue.