A la sombra del sicomoro,
sobre el trébol tierno,
quedó impresa la huella
de tu menudo cuerpo.
Y flotando quedó
en el aire tu aliento,
fragancia en que me baña
al rodearme, el viento.
A mis oídos llega
de tu voz un eco,
que suena a arroyo cantarín,
arrullo y sueño.
Y el murmullo del agua,
semeja el ondular de tu cabello,
mientras tus claros ojos
ponen de azul el cielo.
Me dijiste adiós un día
en el agitar de tu pañuelo.
Sólo me quedó tu sonrisa,
remedo de consuelo.
A la sombra del sicomoro
esperándote, me siento.
Que vendrás un día
a oírme decir, que te quiero