A la vera del camino

Salva Carrion

Poeta fiel al portal
Mecenas
A la vera del camino
planté yo un guapo rosal;
la rosa de mi destino
que me quitase este mal
si me amaras siempre fino
en este tiempo mortal.

Lo riego con mis suspiros
pa’ que no pierda el color,
que no hay pena más gitana
ni castigos más sufridos
que querer sin ser querido
y vivir con ese dolor.

Si la flor llega a mayo
y el duende llega a abrir,
será que tus ojos negros
se han fijado en mí.
¡Qué alegría de sentir,
qué manera de vivir!

Mira si es grande mi suerte
o si es grande mi querer,
que hasta las piedras del río
se ponen a florecer,
con la buena esperanza
de que me llegues a ver.

¡Ay, niña qué alegría!
el sol sale por la mañana
y yo te quiero noche y día
Tengo el alma en un hilo,
tengo el pecho en agonía
por verte de temprana.

Y si el rosal se secara
porque no tengo tu amor,
que me entierren a la sombra
donde no sienta el calor
de este fuego que me abrasa
y me parte el corazón.

–Pasó el tiempo por la vera,
y el rosal se hizo un altar;
dicen que el que bien ama
no sabe lo que es descansar,
que el amor que no se entrega
se lo acaba llevando el mar.

No le preguntes al río
por qué las piedras florecen,
pregúntale a aquel que espera
cómo las horas le crecen...
Que hay milagros que no se ven
cuando en el alma suceden.

Que se quiten las penas,
que se vaya el quebranto,
que si el rosal ha florecido
es de escucharte el canto.
Que no hay gloria más bendita
que amansar el desencanto.

¡Y qué rico el buen cante!
Las piedras se han vuelto flores,
que en Cádiz hasta los esteros
saben de buenos amores.
Que la Caleta te guarde
entre sus aguas de colores.

No llores más por el olivo,
sal de la vera del camino,
que con esa cara que tienes
ya está bordado tu destino
con sedas de suspiros verdes
y ese olor a hinojo y comino.
*****
 

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