Al pájaro que vuela sobre el altar,
o quizá al hombre que vuelve a jugar,
o acaso a las rocas, rosas en el mar,
o también tus besos, hechos para amar,
o puede que al silencio de tu mirar.
Yo te canto a las doce de mi vivir,
en las vueltas que anudo sin decidir,
las veces que me tocará sufrir,
al alba de los que gritan su seguir,
bebiendo el cáliz aún sin definir.
Sábes, verde luna, nace mi querer,
en lágrimas de azul amanecer,
que llueven desde este breve ser,
para recorrer tus sendas de mujer,
y morir saciado en tu dulce beber.