Alan Rosas
Poeta recién llegado
Cuando es tiempo de irme,
sin vacilar voy a la puerta
para decirte adiós,
y perderme en tus labios.
Huyamos tú y yo
a la vuelta de la esquina,
haciendo de nosotros
en la oscuridad de la noche
lo que no hacemos
a la luz del día.
Vámonos a aquella esquina,
donde da vuelta
hacia nuestro adiós apasionado.
Porque en nuestra despedida
nos asimos con la esperanza
de volvernos a ver.
Donde me aferro a tu cintura
para besarte con más pasión,
como quien sujeto del talón
al mensajero de Dios
para asegurar su bendición.
Donde tú me envuelves
sobre mis hombros con tus brazos,
para alcanzar mis labios.
Como quien anheló llegar
a la luna y su firmamento.
Donde con un beso
cedes a mi querencia,
desistes con cada caricia
que provoca el calor de mis manos.
Con mi vehemencia flaqueo,
hasta el final de tu espalda
por debajo de tu cintura.
Como quien nunca pecó
pero cae rendido ante su blandura.
Donde me seduces con tu mirada,
y me entrego sobre tu cuello
con nuestra lujuria
a la orilla de mi boca,
y entonces te dejo mojada.
Como quienes con su frenesí
dejan las sábanas húmedas.
Donde se da el último beso,
y nos decimos adiós
con las ganas de no despedirnos.
Nunca fantaseé con despedirme,
siempre soñé con estar a tu lado
y no separarme de ti.
Pero ahora es tiempo de irme,
y anhelo decirte adiós
para perderme en tus labios,
y ceder a la tentación que provocas
cuando me besas,
a la vuelta de la esquina ...
sin vacilar voy a la puerta
para decirte adiós,
y perderme en tus labios.
Huyamos tú y yo
a la vuelta de la esquina,
haciendo de nosotros
en la oscuridad de la noche
lo que no hacemos
a la luz del día.
Vámonos a aquella esquina,
donde da vuelta
hacia nuestro adiós apasionado.
Porque en nuestra despedida
nos asimos con la esperanza
de volvernos a ver.
Donde me aferro a tu cintura
para besarte con más pasión,
como quien sujeto del talón
al mensajero de Dios
para asegurar su bendición.
Donde tú me envuelves
sobre mis hombros con tus brazos,
para alcanzar mis labios.
Como quien anheló llegar
a la luna y su firmamento.
Donde con un beso
cedes a mi querencia,
desistes con cada caricia
que provoca el calor de mis manos.
Con mi vehemencia flaqueo,
hasta el final de tu espalda
por debajo de tu cintura.
Como quien nunca pecó
pero cae rendido ante su blandura.
Donde me seduces con tu mirada,
y me entrego sobre tu cuello
con nuestra lujuria
a la orilla de mi boca,
y entonces te dejo mojada.
Como quienes con su frenesí
dejan las sábanas húmedas.
Donde se da el último beso,
y nos decimos adiós
con las ganas de no despedirnos.
Nunca fantaseé con despedirme,
siempre soñé con estar a tu lado
y no separarme de ti.
Pero ahora es tiempo de irme,
y anhelo decirte adiós
para perderme en tus labios,
y ceder a la tentación que provocas
cuando me besas,
a la vuelta de la esquina ...
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