Stonearcher
Poeta recién llegado
A las almas en pena
Todos los días al ocaso
volvía el pastor
de cuidar el rebaño.
Generoso comía, pues
pocas veces lo hacía en el día,
y aguardaba a la aurora.
Eran suyos vastos campos,
montañas y prados
de mística sabiduría
que ululaban
con la brisa de la mañana.
Tal era su suerte
y no encontraba el gusto,
que nunca quiso ser pastor.
Pero gran serenidad
traían las bestias
que nunca pedían
y vivían alegres.
El pastor y su tormento
hallaban consuelo en la sencillez
de la vida animal.
Pero aunque feliz estaba
con sus compañías,
las noches crecían largas,
las penas profundas;
la soledad amarga.
La noche de San Juan
se encomendó a la luna
con las llamas nuevas
del verano que nace.
Y se despidió con esta carta.