César Espenzer
Poeta recién llegado
A LAS CUATRO DE UNA MADRUGADA
Cómo explicar lo que siento a las cuatro de la madrugada
si los cerezos dejaron de caer en un noviembre
y el viento sopla fuerte rompiendo mi alma delicada.
Se ha ido, es cierto… y tal vez ya nunca regrese,
mis manos extrañan la blancura de su cuerpo;
como la flor que necesita del sol que lo abrace,
yo quiero su calor, una vez más, poseerlo.
La melodía de un piano retumba en mis oídos
y escucho mi nombre que alguien susurra,
recuerdo su voz, miro al cielo y no está a mi lado.
No es cierto que el tiempo todo lo cura.
Tengo vacía el alma y ojeras en el pensamiento,
le puse su nombre al viento, llamándola.
Ya no la tengo… y al fin lo entiendo,
pero el corazón sigue por ahí, buscándola.
Cómo explicar lo que siento a las cuatro de la madrugada
si la luna no era de plata y dejó de brillar por las noches
y como todo lo demás, el sol ya no sale por las mañanas.
No, no quiero entender que la he perdido,
su mano busca la mía y no está a mi alcance;
como el guante derecho necesita del izquierdo,
yo busco su sonrisa en los labios de un romance.
Quién entiende la suerte y los mandatos del destino,
si desde aquella vez he luchado con mis ganas de morir.
Bien dicen que matar a un hombre es algo muy sencillo,
pero arrebátale el corazón y acabarás con sus ganas de vivir
…
Tal vez no tengo más motivos para seguir escribiendo,
pero por si mañana me rompes de nuevo el corazón,
que esta sea la última carta que mis manos han ido esculpiendo.
Cómo explicar lo que siento a las cuatro de la madrugada
si los cerezos dejaron de caer en un noviembre
y el viento sopla fuerte rompiendo mi alma delicada.
Se ha ido, es cierto… y tal vez ya nunca regrese,
mis manos extrañan la blancura de su cuerpo;
como la flor que necesita del sol que lo abrace,
yo quiero su calor, una vez más, poseerlo.
La melodía de un piano retumba en mis oídos
y escucho mi nombre que alguien susurra,
recuerdo su voz, miro al cielo y no está a mi lado.
No es cierto que el tiempo todo lo cura.
Tengo vacía el alma y ojeras en el pensamiento,
le puse su nombre al viento, llamándola.
Ya no la tengo… y al fin lo entiendo,
pero el corazón sigue por ahí, buscándola.
Cómo explicar lo que siento a las cuatro de la madrugada
si la luna no era de plata y dejó de brillar por las noches
y como todo lo demás, el sol ya no sale por las mañanas.
No, no quiero entender que la he perdido,
su mano busca la mía y no está a mi alcance;
como el guante derecho necesita del izquierdo,
yo busco su sonrisa en los labios de un romance.
Quién entiende la suerte y los mandatos del destino,
si desde aquella vez he luchado con mis ganas de morir.
Bien dicen que matar a un hombre es algo muy sencillo,
pero arrebátale el corazón y acabarás con sus ganas de vivir
…
Tal vez no tengo más motivos para seguir escribiendo,
pero por si mañana me rompes de nuevo el corazón,
que esta sea la última carta que mis manos han ido esculpiendo.
César Espenzer
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