RAMIPOETA
– RAMIRO PONCE ”POETA RAPSODA"
A LAS MADRES
En este y todos los días, recitar quiero a las madres,
que van torciendo al destino con ternura y mucho amor.
Porque aunque yo no la tenga, me dejó como legado,
que el único y verdadero amor que da con esmero,
es el que entrega una madre, al fruto de sus entrañas, sin ninguna condición.
Madre niña que soportas el peso de la fatiga, porque violaron tu infancia
con pretextos del amor, te robaron la inocencia,
te arrancaron el derecho de brotar como una flor.
Madre del campo que vives, siempre ganándole al sol,
porque este, con su inclemencia, ha endurecido tu cara,
ha calcinado la cuenca de tus ojitos machitos de cansancio y por sudor.
Madre que miras al suelo, porque un sátrapa inhumano
al saber que concebiste sin piedad te abandonó;
camina altiva la frente demuestra la mundo tu orgullo de ser madre con honor.
Si la sociedad un día, te señala con el dedo; manda al diablo la etiqueta;
dadle a tu niño la teta, con ternura y mucho amor.
A la madre que labora con singular maestría, le dedico mi homenaje
por ese día tras día, con singular valentía, desbaratando entresijos,
con esa carita sucia, se ríe de los que piensan,
que los trabajos muy duros se hicieron para el barón.
Así, mamitas queridas, les dejo mi humilde canto
y que Dios nunca les falte con su santa bendición.
No se olviden madres lindas, que también yo las bendigo
por su innegable oblación.
Ramiro Ponce P.
En este y todos los días, recitar quiero a las madres,
que van torciendo al destino con ternura y mucho amor.
Porque aunque yo no la tenga, me dejó como legado,
que el único y verdadero amor que da con esmero,
es el que entrega una madre, al fruto de sus entrañas, sin ninguna condición.
Madre niña que soportas el peso de la fatiga, porque violaron tu infancia
con pretextos del amor, te robaron la inocencia,
te arrancaron el derecho de brotar como una flor.
Madre del campo que vives, siempre ganándole al sol,
porque este, con su inclemencia, ha endurecido tu cara,
ha calcinado la cuenca de tus ojitos machitos de cansancio y por sudor.
Madre que miras al suelo, porque un sátrapa inhumano
al saber que concebiste sin piedad te abandonó;
camina altiva la frente demuestra la mundo tu orgullo de ser madre con honor.
Si la sociedad un día, te señala con el dedo; manda al diablo la etiqueta;
dadle a tu niño la teta, con ternura y mucho amor.
A la madre que labora con singular maestría, le dedico mi homenaje
por ese día tras día, con singular valentía, desbaratando entresijos,
con esa carita sucia, se ríe de los que piensan,
que los trabajos muy duros se hicieron para el barón.
Así, mamitas queridas, les dejo mi humilde canto
y que Dios nunca les falte con su santa bendición.
No se olviden madres lindas, que también yo las bendigo
por su innegable oblación.
Ramiro Ponce P.