Poema escrito como recuerdo a Federico García Lorca en su 115º aniversario.
-A Lorca-
Ciento quince palabras
plateadas
se descuelgan
desde tus labios
por hilos
huecos
hasta mi pecho.
El eco de tu sangre
resuena en las cavidades
de la tierra removida
por la Historia
y su memoria.
Tus letras
tatuadas en la Luna
iluminan las noches
de los poetas enamorados,
de la epidermis del pecado
que cabalga al trote
sobre caballos
enfurecidos.
La sangre de los olivos
riega tu herida
arada en los surcos
de Andalucía.
Permanece en el aire
la hendidura del disparo,
la estela del metal
que se abrió paso
hasta tu corazón,
y el Sol
ardiente en tu mirada
extinguió entonces su llama
en súbita explosión.
Desde Granada
a Nueva York
se mantienen los puentes
de versos,
viajando con ellos
permaneces presente
e inalterable
en el fluir
precipitado del tiempo.
Los jinetes de los besos
descabalgan de ellos
y se tumban en la pradera,
acarician entre sus dedos
las briznas secas
de crujientes hierbas,
al pie de árboles viejos
que alimentas por la raíz
con la savia caliente
que aún palpita
entre la poesía
y tus huesos.
-A Lorca-
Ciento quince palabras
plateadas
se descuelgan
desde tus labios
por hilos
huecos
hasta mi pecho.
El eco de tu sangre
resuena en las cavidades
de la tierra removida
por la Historia
y su memoria.
Tus letras
tatuadas en la Luna
iluminan las noches
de los poetas enamorados,
de la epidermis del pecado
que cabalga al trote
sobre caballos
enfurecidos.
La sangre de los olivos
riega tu herida
arada en los surcos
de Andalucía.
Permanece en el aire
la hendidura del disparo,
la estela del metal
que se abrió paso
hasta tu corazón,
y el Sol
ardiente en tu mirada
extinguió entonces su llama
en súbita explosión.
Desde Granada
a Nueva York
se mantienen los puentes
de versos,
viajando con ellos
permaneces presente
e inalterable
en el fluir
precipitado del tiempo.
Los jinetes de los besos
descabalgan de ellos
y se tumban en la pradera,
acarician entre sus dedos
las briznas secas
de crujientes hierbas,
al pie de árboles viejos
que alimentas por la raíz
con la savia caliente
que aún palpita
entre la poesía
y tus huesos.
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