En el sol frutal de tu ocaso rosado,
en el patio de tierra donde el gorrión se bañaba,
en tus puertas abiertas como sonrisas recordadas,
añoro las dulces vendimias de la vida contigo
como aquel que siente, de la muerte, su mejoría.
Sin haber en su magnitud tu ausencia desandando,
hermano de los puentes y caminos sin minas,
oyendo tu voz sempiterna que entona mi silencio
yo me entrego, ay Madre Mía, a las lágrimas más queridas
junto a tu recuerdo tan joven como el vino y la espiga
Pero hay un nido en el follaje de mis años
donde el canto y el vuelo de un ángel ha nacido
y, como un crucigrama provisto de palabra y sentido,
va clasificándose día a día en mi espíritu.
Es un hambre de amor en cinco dimensiones
lo que me arroba en sus alas embriagadas de canto
que me trae, oh Madre, tu amor de libertad sin armas
mientras sigo disfrutando mi pequeñez cotidiana
donde juega mi hija con los sueños que vendrán mañana.
en el patio de tierra donde el gorrión se bañaba,
en tus puertas abiertas como sonrisas recordadas,
añoro las dulces vendimias de la vida contigo
como aquel que siente, de la muerte, su mejoría.
Sin haber en su magnitud tu ausencia desandando,
hermano de los puentes y caminos sin minas,
oyendo tu voz sempiterna que entona mi silencio
yo me entrego, ay Madre Mía, a las lágrimas más queridas
junto a tu recuerdo tan joven como el vino y la espiga
Pero hay un nido en el follaje de mis años
donde el canto y el vuelo de un ángel ha nacido
y, como un crucigrama provisto de palabra y sentido,
va clasificándose día a día en mi espíritu.
Es un hambre de amor en cinco dimensiones
lo que me arroba en sus alas embriagadas de canto
que me trae, oh Madre, tu amor de libertad sin armas
mientras sigo disfrutando mi pequeñez cotidiana
donde juega mi hija con los sueños que vendrán mañana.
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